domingo, agosto 5

Una noche de ópera: La Bohéme y Dudamel

... fue un regalo maravilloso en un agitado día de diligencias, celebraciones y excesiva cola caraqueña.

Y fue así como presencié mi primera ópera, conducida por el genial Dudamel. Noche de estreno. Teatro e inmediaciones saturadas de gente. Un evento oficialista por acá, una dinámica teatral por allá, una gala de ópera por acá. Mi hermana insistió. Estrenando la recién reconquistada independencia que le confirió su carro nuevo se llegó al Teatro Teresa Carreño y con decisión se negó a quedarse sin butacas. Que si para el viernes o que si para el martes. Que si vamos solo tres personas o si vamos la familia extendida. No importaba. Ella compró tickets para su hijo y mi mamá. Compró dos puestos adicionales con la intención de dármelas a mi o a mi hermano. La noche de ópera estaba arreglada.

El estreno
El viernes 3 de agosto se estrenó, luego de 11 años, La Bohéme, del genial maestro Giacomo Pucci. Lo más maravilloso de este estreno es su cartel de figuras: la cantante lírica venezolana Inés Salazar como la delicada romántica moribunda Mimí; José Antonio Higuera como Rodolfo su eterno amor; unidos por Gustavo Dudamel, director de la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, entre otras primeras figuras como Cayito Aponte y grandes promesas como el coro de niños.

La Sala Ríos Reina estaba a reventar. La gente alegre, espectante, nacionales y muchos extranjeros de paseo por la ciudad pudimos deleitarnos por la triste historia de amor de la frágil Mimí y su pobretón amante, Rodrigo, un escritor de grandes enhelos y marginal presente y futuro.

Nos sentamos en balcón, desde donde apreciábamos con claridad cada uno de los elementos de la escenografía, todo el foso de la orquesta y claro está, el escenario amplio y precioso. La escenografía quedó muy realista. El trabajo de Salazar fue maravilloso. Sin duda se merece el reconocimiento internacional que ha logrado a lo largo de su carrera. La Scala de Milán cuenta con una voz fuerte y delicada, poderosa y sublime, cuenta con una joven cantante que expresa en su voz y su caracterización cada gramo de dolor, de amor, de esperanza y de resignación de su personaje. Debo admitir, que se me salió el niñita que llevo por dentro en la fase final del drama, cuando Mimí recuenta su amor por Rodrigo, su deseo de estar con él y casi empieza a aceptar que ya ni siente el frío de la muerte que se acerca, admito que se me arrugó la garganta, me picaron los ojos y el cosquilleo pre-lagrimal se instaló en mi nariz... pero me contuve. ("Vaya, es solo una ópera" me dije).

La puesta en escena quedó muy buena. Me preocupé en el primer acto porque me pareció algo lenta y (quede claro mi ignorancia en este tipo de música) disonantes las frases de los actores en relación con la orquesta. Pero al llegar al segundo acto, me disculpé a mi misma por mi escasa visión y disfruté cada uno de los cantos, representaciones y personajes de la pieza. El segundo acto rules. Súper buena la coreografía. En escena se congregó un cincuentenar o más de personas, todas cantando y coreando sus líneas. Los niños hicieron una labor maravillosa. La dinámica de una concurrida calle del Barrio Latino en víspera de Noche Buena, con sus mercaderes, su algarabía, correríos, himnos, regalos, juguetes... un retrato perfecto de la comunidad. El restaurant de la cuadra con sus ricos personajes, la gente escurridiza que se escapa sin pagar, la chica linda que es admirada-envidiada por todos porque está decidida a vivir con quien la mantenga mejor, los pobres amigos que se invitan entre sí con la esperanza de que un toque de suerte les ayude a pagar la cuenta, y los enamorados, para quienes el mundo solo se ve rosado mientras los juramentos de amor eterno corren por las venas en lugar de sangre.

El segundo acto quedó excelentemente orquestado. Las actuaciones, las coreografías, las canciones, todo. Ese acto me reconcilió con lo que veía y me permitió apreciar la totalidad de la pieza. Mención especial merece la rebelde y volcánica Musetta interpretada por Mariana Ortiz. ¡WOW! que carisma, que dicción, que agudos se gasta esta chica. Excelente elección para el personaje, creo que fue un acierto enorme porque la chispa, la rebeldía, la pasión y volatilidad del personaje de Musetta necesita una voz particular que pase de la risa a la rabia y de nuevo a la coqueta compasión, con la naturalidad humana que mostró Ortiz a lo largo de las casi 4 horas de función.

El veredicto
Excelente. Me siento feliz parte de la historia.
Ver a Dudamel en escena es grande. Su humildad brota en cada compás. Es extraño. Es un chico aparentemente simple con una sensibilidad y fuerza evidente. Dirigir la orquesta es como respirar para él. Es la primera vez que lo veo en persona. Creo que la idea de ver al gran Dudamel me generaba inquietud excesiva. Y valió la pena. Desde arriba, lejos como estaba se apreciaba su calidez, su entrega en cada nota, su sencillez, su sinceridad. Me gustó. Quiero verlo solo a él con la música. Quiero ver a cada uno de los instrumentos respondiendo a sus movimientos con sumisa obediencia, disfrutándolo. Arpa, flautas, oboes, titilantes apariciones de bajos, mientras las cuerdas arrullan los pensamientos. Lo que más me gusta de siempre de las orquestas son las cuerdas y el toque de presencia que ponen los tambores. Dudamel es excelente. Ver una ópera dirigida musicalmente por él es más que excelente, es maravilloso.

Fueron 4 horas alejadas de la realidad. El frío de la brisa junto al bar, la multitud aplaudiendo, los vítores y Bravoooo! (a los cuales sumé una docena), cerraron una jornada plurilaboral adornada por un fugaz almuerzo con mi esposo, caminatas bajo un sol impertinente, desencuentros filiales, una órden de compra que no llega y varios e-mails sin respuesta de retorno.

Vivir La Bohéme vale la pena cada uno de los momentos, más aún en noche estreno con Dudamel, Inés Salazar, en Caracas, Venezuela, en el Teresa Carreño, un ajetreado viernes cualquiera en la capital.

6 comentarios:

Naranjita... dijo...

Que casualidad que en mi post más reciente subí un video del genial Dudamel pues usé como ejemplo para algo a a los directores...

pelirroja78 dijo...

Que bueno...tengo tiempo que no voy a una función de opera...es muy interesante..Y nunca he podido ver a Dudamel dirigiendo en vivo...que gustazo te has dado...
Un besito

fitziane dijo...

No sé que pasó ni cuanto durará el desbloqueo, pero pude colarme por aquí. Menos mal porque de verdad quería leerte el post completo de Dudamel. Te dije que en el agregador solo me aparecen las primeras líneas de tus entradas y me quedo con la boca abierta.

¡Tu avatar está lindísima! ¿Muy operática?

Cariños chinos,
Josianne

Zinnia dijo...

Esta noche me toca a mi..voy a ver La boheme y luego de esta reseña tan emocionada voy con mayor entusiasmo. Ojalá la experiencia sea tan buena!

martis dijo...

Naranjita: tiempo sin verte por acá. ¿Verdad que es muy bueno ese chico? Dudamel es buen ejemplo para varias situaciones y me enorgullece mucho que se le esté dando todo el reconocimiento que se merece.
Pelirroja: ¿no conseguiste entradas para la ópera? sorry...bueno pero atenta cuando vuelvan a nombrar a Dudamel en una puesta en escena o dirigiendo algun concierto dominical, vale la pena verlo, y las entradas se agotan muy rápido.
Fitzi, síp traté de lucir al estilo de "La Bohéme". Que bueno que pudiste encontrar un huequito por donde colarte en este fastidioso bloqueo..¡que sigan las oportunidades de libertad!
Zinnia: bienvenida al blog. ¿Cómo te fue en la ópera? dicen que las noche de clausura suele ser la más intensa porque los actores dan el todo por el todo. Espero que haya sido una velada inolvidable.
Besitos a todas :-)

Guso dijo...

hola cómo estas? que casualidad encontrarme un post de la boheme, yo recientemente postie mi experiencia, yo la ví el martes 7... de verdad que me dejó un buen sabor esta opera, y la maravillosa voz de ines y la maestría de mi tocayo gustavo dudamel!! excelente de verdad! saludos!