Actualidad, angustias, relatos, cotidianidad, viajes, pensamientos, lugares, anécdotas, relaciones, desahogos, comentarios, amistad, películas, vivencias, música, situaciones que me gustan. En general, siempre nos hace falta algo (o al menos eso creemos) como el oxígeno. Algo para hablar con los amigos :-)
sábado, mayo 24
Babby -shoppin en Panamá 1: toda una experiencia
Luego de recorrer varias tiendas (desde almacenes hasta especializadas) en busca de cosas para bebé y comparar los precios, llegué a la conclusión que era mejor plan irnos a Miami o a Panamá, compar todo, hacer algo de "turisteo" (lo cual para mi era absolutamente accesorio y secundario) y regresar con todo lo que bebé necesitará en sus primeros meses de vida. La inversión era muy similar.
Tuvimos algunos intentos fallidos, varias rabietas y peleas de pareja por este tema. Mi esposo si bien decía apoyar la idea, actuaba como si prefiriera boicotearla cada vez que tuviese oportunidad, albergando quizá la muy vaga esperanza de que yo cambiara de opinión. Negativo y Dios además nos dió ayudas e incentivos inmejorables a medida que se cristalizaba el plan de compras para bebé.
Reto N° 1: los pasajes
El viaje se concretó en 1 semana. Por la fecha y el destino no había buenas perspectivas. Actualmente viajar 1 persona a Panamá desde Caracas cuesta solo un poco más que irse en un paquete (hotel + avión) 2x1 a Miami. Nunca hay cupo disponible y el precio es astronómico.
Pero la mano de Dios empezó a ayudarnos: luego de horas viendo folletos, chequeando la web, pasar a agencias de viaje, rogarle a los amigos, apelar a recomendaciones, salté de internet a una agencia muy gande y conocida y empecé con ellos por teléfono. Yo estaba casi segura de que no había oportunidad cuando el chico me dijo "es que las ofertas que están publicadas en nuestra web son viejas, ya no están vigentes". Casi muero del impacto pero seguí adelante.
El chico muy gentil buscó día a día un espacio, alguna cancelación porque yo quería viajar YA, no en junio... y así fue. Consiguió 2 cancelaciones para un fin de semana, volando sin escalas y regresando en el vuelo de la noche, todo sonaba bien. ¡AH! lo cupos se correspondían con precios "manejables" el promedio era de 3 mil Bs p/p (sin impuestos) y estos salieron 30% más económicos (impuestos incluidos).
El detalle: hoy era miércoles, salíamos de viaje el jueves siguiente y regresábamos el domingo (solo 3 días en Panamá); además, la tendríamos la certeza del hotel el lunes de esa misma semana del viaje... Aún así compramos. El viernes nos dieron los pasajes impresos.
Reto N° 2: los dólares
Tener los pasajes nos aliviaba mucho pero dada la situación cambiaria de mi país, decir "compro pasajes al extranjero y me voy" sin pedir los dólares que el gobierno le aprueba al viajero, es un lujo que contadas personas de clase media trabajadora como nosotros puede darse. Nosotros no podemos darnos ese lujo.
El detalle: Los trámites para lograr los dólares oficiales suelen tomar entre 07 y 15 días laborales ... nosotros teníamos 4 días laborales.
Los trámites incluyen llenar una planilla on-line a la cual solo se puede acceder un día de semana específico, durante las horas aprobadas para esa consulta. Los días se asignan de acuerdo al número de cédula de cada quien y el tráfico del site es tan alto en vista de estas restricciones, que lograr conexión a veces toma muuuuchas más horas que las establecidas para conectarse.
Jesús casi tira la toalla.... y yo también. Hicimos lo que pudimos. Él ya tenía adelantada la apertura de cuenta bancaria donde debe estar su dinero disponible en bolívares, para que el gobierno con base en eso, le apruebe los dólares. Por mi parte, los días que nos quedaban no me permitían hacer mi planilla para pedir dólares en efectivo así que confiaba en mi cupo ya aprobado y sin estrenar, en tarjeta de crédito.
Pedir los dólares en efectivo requiere presentar los pasajes aéreos impresos. Cuando Jesús metió los papeles en el banco solo tenía la pre-compra electrónica y las esperanzas. Yo si bien tenía aprobado el cupo de dólares para usar por tarjeta de crédito no tenía PIN válido para activarlo y el trámite por mi agencia bancaria demora 10 días, sin excepción. Sin el PIN de la tarjeta, tener el cupo de dólares aprobado y no poder usarlo en el exterior, es un drama como tener a la mamá y tenerla muerta: es decir: es inútil. Así que me fui a la agencia principal del banco y rogué a Dios ayuda.... y tanto a Jesús como a mí, nos la dio.
A Jesús le dieron los dólares a última hora del miércoles previo al viaje; yo logré nuevo PIN ese miércoles a medio día, lo probé vía web en la tarde pero realmente lo verifiqué en un ATM local la mañana del jueves.... ese mismo jueves en que debíamos estar montándonos en el avión. De hecho, una vez probé la tarjeta con éxito en el ATM local, llegué a casa, me cambié de ropa y corrí a terminar de armar maletas, pues el taxi que nos bajaría al aeropuerto llegaba a casa en menos de 35 minutos.
Reto 3: hotel.
Todo suena ok a estas alturas, ¿no? solo que el lunes comenzamos la semana SIN reserva de hotel. Ese día tuve que salir de mi trabajo para ir a las oficinas del mayorista de turismo, porque tenían problemas con el punto electrónico de pago. Dejé todo y me fui desbocada. Cerraban a las 12:30, debía hacerse el pago hoy y me avisaron a las 11:45. Crucé la ciudad, llegué al lugar, me estacioné y estaba frente a la recepcionista jadeando en 20 minutos; todo un record en hora pico aquí en esta ciudad. La sorpresa: la chica impávida me informó que la caja estaba cerrada porque "ellos terminan media hora antes" y me pidió que regresara 2 horas más tarde. Exploté. Justo en medio de mi volcánica reación me llamó el chico de la agencia de viajes y me lo comí al teléfono. Esto es un irrespeto. Señora entienda. Cancela todo. Disculpas, disculpas, disculpas hoy no hay nada que hacer. Regrese más tarde.
Me fui furiosa y con hambre. Mi hora del almuerzo finalizaba, seguía sin hotel y viajaba ese jueves. Por internet conseguí un par de sitios que sonaban bien y el precio era sorprendente. Un par de llamadas a mi esposo. Furioso él, furiosa yo, buscamos por acá y por allá. "Déjame ver si consigo algo mejor" fue su respuesta pero ya no le paré más. Llamé directamente a Panamá a 1, 2, 3 hoteles. No hay cupo señora, verifique en tal parte... conseguí uno que se veía muy bien en fotos, hice la reserva web y recé. La confirmación llegaría el martes. ¿Quedaría algo de cupo en dólares para compras por intenet disponible en mi tarjeta de crédito? ¡ojalá!
El martes amaneció sin confirmación en mi email. Así que los llamé. ¡Ah sí señora! todo en orden con la reserva. ¡¡¡GRAAACIAS!!! y respiré aliviada. El detalle: esa tarde me llamaron de la oficina del mayorista de turismo verificando cuando pasaría a pagar la reserva del hotel que ellos me habían hecho, y yo no les pude atender porque estaba reunida.
El miércoles los llamo y les repito que no la tomaré y entonces explotan ellos: debe pagar la penalidad por cancelar la reserva con menos de 72 horas. ¿¡¡QUEÉ?? Exploto yo: FORGET-IT. Mi agente de viajes no aparece, le mando emails, le dejo mensaje de voz. No voy a pagar nada, esa penalidad nunca me fue indicada, el estandar es 24 horas y yo cancelé con 25 horas de antelación. Señora, son las reglas, espere nuestra confirmación de si procede o no su reclamo.... pero esta señora ese día miércoles tenía asuntos más importantes que atender: dejar mi trabajo todo al día, resolver el tema del PIN, hacer maletas, buscar tiendas. Así que corté el tema y pensé en PANAMA.
Y a Panamá llegamos sanos y salvo. La agencia de viajes se entendió con el mayorista y no procedieron los cargos ficticios. El chequeo en el aeropuerto fue super veloz, el vuelo salió puntual y llegamos a un muy bien ubicado hotel -nada lujoso- listos para comprarle las cosas a bebé que está por nacer en pocos meses.
miércoles, febrero 20
¿Qué es de la vida de.....? mia
Ocurrió así:

- Me tomé 2 semanas de vacaciones, totalmente desconectada.
- Estuve con mi familia, sobre todo aprovechando que mi hermana y sus niños estaban tomando una temporada con nosotros luego de 5 años sin reunirnos en familia.
- Estuve con mi abuela, a quien no veía desde hacía como 4 años, y de paso, conocí a un tío que jamás había visto (aunque mi mamá dice que tendría yo 2 años cuando lo conocí), y asus hijos y un par de sus nietos.
- Luego, después de las festividades decembrinas teníamos las festividades de casita: torta de reyes, cumpleaños de mi hermana la mayor, cumpleaños de mi hermano el menor, cumpleaños de mi sobrina, cumpleaños de mi cuñada... todo eso y a penas íbamos por el 2 de febrero.
Finalmente el regreso a la oficina aunque placentero por el tranquilo ambiente que me recibió, fue molestoso por las nuevas medidas de seguridad digital que tomaron a partir de enero y en las cuales me veo afectada. Ya no tengo posibilidad de navegar libremente en mis ratos de ocio (esos que se ubicaban en la hora de almuerzo, el break de media mañana, la hora del burro en la tarde y la hora de salida, luego de las 6:00pm). Para mí, regresar de vacaciones fue ver cómo día a día aparecían mensajes de "Acceso denegado", "Sitio prohibido por ser de categoría ocio, entretenimiento, blogs, wiki....." Así que pasé a la vieja opción de conectarme en casa, pero seamos sinceros: no tengo tiempo de hacerlo.
Cuando logró completar la cantidad de tareas que realizó al llegar a casa, sea preparar el almuerzo del día siguiente, lavar los envases de mi lonchera diaria, prepararme la cena, arreglar la ropa para la próxima jornada, conversar y compartir alguito con mi esposo, tratar de descansar viendo algún programa favorito en la tele, y esperar a que Jesús desocupe la máquina, se me acaban las horas y termino exhausta. Así que no me acerco a la PC en días de semana y los fines de semana la lista de actividades se expande, abarcando jardín, lavado, mercado, familia, almuerzo familiar, limpieza, etc., etc., etc. las rutinas de leer y consultar blogs, actualizarme con los amigos en Flickr, Facebook, Hi5 y demás lugares de ocio social se olvidaron casi del todo.
Hoy me estoy tomando un respito. Aprovecho que estoy fuera de la oficina en viaje de trabajo, aprovecho que tengo el laptop solo para mi, sin restricciones de navegación, aprovecho que no puedo ver el eclipse lunar porque mi habitación no tiene vista al exterior, tecleo entre gallos y medianoche; aprovecho este momento para sentarme y teclear algo.
Hay muchas cosas que contar que ya no serán reflejas en el blog por extemporáneas y eso me da tristeza. Hay otras novedades que iré comentandoles en las próximas noches, hasta tratar de volver a estar con regularidad semanal en contacto con los amigos de la blogósfera.
Los extraño a todos y les mando un abrazo a todos. Desde Fitzi que se preocupa y está pendiente, mandando saludos y dejando tarea; hasta los anónimos que comentan que aprenda más sobre un tema específico o que me piden mayores detalles sobre alguna posada o lugar vacacional que he visitado. A todos ustedes, un beso, un abrazo y mi firme propósito de relanzar A veces hace falta para reflejar el inicio de esta nueva etapa!!!!
...Se les quiere.
martes, noviembre 13
Pies de Barro: bautizo mañana
El libro se llama Pies de Barro y es un texto excelente. No porque lo diga yo (que si bien estoy casada con el autor no sé nada de escritura formal) sino porque quienes han podido revisar el libro, coregirlo y comentarlo coinciden en decir que es unde sus mejores obras, un trabajo de impresionante sensibilidad y excelentemente redactado.

Si pueden acompañarnos será todo un honor. Yo ando de lo más feliz y se lo comento a todo el mundo.
La cita es en la Feria del Libro del Parque del Este (hoy rebautizado como parque Francisco de Miranda), mañana miércoles 14 de noviembre a las 3 pm en la sala Martin Luther King. Sé que el horario es un poco atravesado y que la invitación es un poco "a última hora" pero igual si pueden pasarse, por allá los esperamos.
domingo, julio 22
Para atrapar a un chico: estrategia ancestral
Hace pocos días conversábamos varios compañeros y salió el cuento. Él, chico menor de 25 años, muy inteligente, simpático, decente, galán hasta las medias, es todo menos tímido, finalmente este año se decidió con la chica de turno y se en-noviaron desde hace unos meses. El chico, chico es y cayó en una trampita bien montada sin darse aparente cuenta.
La cena (su versión para amigos): El chico invitó a un ex compañero de clases junto a un par de amigos de su trabajo a tomarse alguito en casa. Llegó la gente y el anfitrión se apareció 1 hora después del brazo de 2 chicas lindas y risueñas, a quienes había ido a buscar. En casa, la conversación amenizada por whiskeys dio paso a la comida. ¿Quieres otra chamo? no vale; no tranqui... bueno, y ante la insistencia del chico los compañeros de la oficina cedieron a comerse sus respectivas arepas caseras, flaquitas, con mantequilla y sin masa ¿okey? que las lindas nenas hacían con esmero. Ellas no estaban en la sala conversandito, ellas estaban en la cocina haciendo arepas para los invitados. No sé si luego se unieron al festín, pero la casa era la arepera feliz, hechas al instante y servidas como solicita el chico, cual restaurante, gratis y sin salir de casa.
Típico de mi, pregunté y repregunté porque me sonaba que en esa historia de arepas gratis había gato encerrado. ¿Gratis? sí, yo te aviso amigo mío.
- ¿Y esa generosidad de las niñas? No sé; ellas me dijeron que me querían preparar una arepas y les dije que sí.
- ¿Ellas sabían que ibas a tener amigos allí? me miró con rareza, No; ¿por qué?
- ¿Hicieron para todos? Pues claro, ellas me dijeron queremos hacerte unas arepitas en tu casa, y yo acepté.
- Oye y tu novia no los acompañó, ¿qué le dijiste? Nada, la verdad, que estaba en mi casa tranquilito, que cené arepas y así fue.
La cena (mi versión pensando como las niñas): las niñas se ofrecieron a hacerle cenita a él, ellas solteras, él soltero, en su casa, el plan estaba servido literalmente. La ecuación era fácil: un par de amigas chéveres, queridas, una cenita tipo "tranquilo", con cervecita o algo más fuerte. Los tres allí comiendo, riendo, bebiendo, charlita, entre amigos; y como entre amigos existe cariño, todo puede pasar. Lo malo fue que el chico les enfrió el plan invitando a un gentío a su casa, para hablar de fútbol, trabajo y computadoras. Ellas firmes, recordando siempre que la manera de llegarle a un hombre es por la boca (realmente por el estómago), como dicen las abuelas, se encargaron de complacerle sus exigencias culinarias.... pienso yo de mal-pensada, que las expectativas culinarias de ellas eran de otra índole, pero ¡en fin! La cena terminó poco después de medianoche y la gente se fue a sus hogares.
- ¿Y las niñas, qué? nos quedamos hablando un rato más. Todo tranquilo.
Él me habla, yo me sonrio de nuevo. Al final, el plan sí levantó. Tarde en la noche, sin público y en privado, barriguita llena, corazón contento y algo de alcohol en la sangre recapitulamos la velada, lo rico que quedó todo, lo geniales que son ellas al haberse ofrecido a cocinar, lo esmeradas que son, un encanto de chicas... Marcador: punto ¡doble para las nenas!.
- Uhm... ¿ellas saben que tu tienes novia verdad? ... encogida de hombros, ¿y para qué?
Niego con la cabeza lo que pienso. Mira ¿y esas arepas como por qué?¿A ti como que te quieren entrampar?.... no sé, ellas me dijeron y ya. ¿Entramparme? risas nerviosas, lenguaje gestual que grita preocupación y sonrisa gélida. No vale... ellas solo querían cocinarme algo y no iba a decirles que no.
- Suerte que no se conocen, porque tu sabes que las mujeres hablan; una amiga le dice a otra, que si Fulana hizo aquello y cosas como ésas más aún, tú sabes, para compartir tips. ¿Seguro que esas niñas y tu novia no tienen círculos de gente en común? ...nnn..nnno que yo sepa.
No hay más que decir. Las palabras sobran. Next thing I know él está buscando un muy buen regalo que obsequiarle a su novia, sin razones ni motivos más que el amor, y prefiere dejar de lado la ingesta de arepas... al menos por un tiempo.
domingo, marzo 18
Me siento mal: cometímos un asesinato
No es fácil ver morir a alguien. Menos aun lo es conspirar para matar a alguien. No es fácil ni siquiera actuando como simple asesor intelectual, o de complice haciendo barra y dándo ánimos a quien comete el delito. Luego de ver el cuerpo tuve una sensación extraña. Primero verlo me llenó de asco, de repulsión; no esperaba verlo allí descansando pero igual grité y salí a esconderme en el cuarto. No quería que me viera, no quería estar cerca... Sin embargo, ese era el momento, la tarea debía ejecutarse en ese momento porque luego todo volvería a lo habitual: yo morirme del asco y del miedo por saber que estáq cerca; yo desvelarme y dormir mal porque el más leve ruido me hace creer que se aproxima, merodea mi casa y me despierto agitada. Él: quizá solo haciendo lo suyo, urgando, buscando, tomando ventaja de mi minusvalía en esta situación.
No es fácil concientizar que le deseas la muerta a alguien. Lo manifiestas en voz alta. Tus seres más cercanos lo saben; no tooodo el mundo, solo los que pudieran ayudar en la solución del problema. Tomada la decisión evitas comentar más de la cuenta. Eliges el método. Imaginas el mejor "escenario" para hacerlo. Es imposible prever todos los detalles pero igual imaginas cómo será la tarea. Esta vez quería inmediatez y poco drama. ¿Quién va ha hacerlo? siempre yo tomaba la batuta, pero esta vez Daniel resolvió todo durante un viaje de negocios que hice. Repasamos las acciones por teléfono. Yo esta vez no quería veneno. Me estaba aflojando; me estaba suavizando. Quería desaserme de él, sin dudas, el veneno es eficiente; pero me daba algo de asco pensar que moría poco a poco, retorciéndose envenenado. ¿Y luego qué? ¿quién se encargaría del cadaver? yo siempre dejé esa frase sin cierre, solo estaba segura de que no sería yo.
El viernes veníamos de una cena festiva. Llegamos alegres sobre la media noche.Yo estuve en la sala hasta que Daniel me hizo señas Está acá; dormido. Curisosa ¡siempre curiosa! me acerqué de puntillas a verificar y ciertamente. Aunque estaba observando desde lejos, grité algo -no muy fuerte- pero no logré despertarlo. ¿Ahora qué?... yo, ablandándome como me estaba ocurriendo, le dije que no sabía. Dale un golpe, haz algo, no lo quiero ver. Le dejé el muerto -jeje, literalmente- a él, mientras yo me escondía en el cuarto.
Fue más rápido de lo que pensé. Por inocencia o inexperiencia, el pobre ratón ya había comido veneno. Dudo que haya sido en mi casa porque el día anterior solo se habían colocado media docena de grajeas entre la puerta y detrás de la nevera. Por lo que sé, la acción de este producto no es instantánea, toma tiempo, requiere mayores cantidades. No creo que hayamos sido nosotros, pero igual, el final estaba cerca.
Agarra la escoba y arrástralo hasta acá le dije mientras yo corría por la casa abriendo las puertas para que llegara al patio y depositara allí el cuerpo. Así lo hizo. Y lo observó. No puede quedar aquí; no está bien, vendrán animales. Yo ya me había regresado al cuarto. No sé amor, tíralo al terreno vacío, yo tengo asco, no lo quiero ver. Que lamentable. Soy una blandengue, complice de asesinato cobarde con complejo de culpa. Daniel resolvió bien. Se deshizo del cuerpo sin rastros. Volvió a la casa y al mirarnos nos dimos cuenta de algo: hicimos algo malo, no debimos haberlo hecho; somo malas personas.
Es terrible tener conciencia. Por regla general odio que se lastime a los animales sin embargo en el caso de este ratón de campo que se metió a mi casa en un acto de locura la noche del martes, intenté ser despiadada. Yo estaba resuelta a defender mi fuerte; él no pertence acá. Me dan repulsión, no puedo ni verlos, físicamente me afectan, empezaba a somatizar esa repulsión. Cuando hablamos de las medidas a tomar, le dije a Dani que hiciera lo que tenía que hacer, que no me importaba; pero cuando me dijo coloqué un poquito de veneno yo le dije que prefería otro remedio. Los conocidos a quienes les comenté dijeron en su mayoría que usara el papel engomado (¡¡¡¡ASCO!!!) y solo una persona me dijo veneno. Yo me ablandé; no podía ser veneno ¿y si muere en un lugar oculto y nos enteramos luego por el olor? (¡¡DOBLEMENTE ASSSSCO!!) había que correrlo de la casa, como las veces anteriores.
Esto es lo malo de vivir en la casita. Antes, jamás me preocupé de este problema pues viví toooda mi vida en apartamento alejado de terrenos valdíos, alejado de patios, de arboles frutales, hormigas, insectos, etc. Viví feliz sin que la naturaleza me asustara salvo por las cucarachas/chiripas que son inevitables (pero viene el fumigador, las elimina y de regreso a la paz). ¡En fin! ratones, jamás. Ellos se ponen como locos cuando empieza a hacer calor y creo que por eso en las noches más calurosas salen corriendo a ver donde consiguen mejor temperatura.... y nos han elegido tres veces. La primera vez que pasó me puse toda alterada y muy molesta. La casera sonriente me explicó que era normal. Cosas de las casas; asegura el borde de la puerta y el veneno no lo pongas fuera de la casa para que el perro no se lo coma. Es todo.
En esas ocasiones el ratón se alojaba en casa, nos costaba sacarlo, pero siempre se iban; o lo espantábamos. Recuerdo que una vez aprovechamos que salió durante el día. Estábamos trabajando con la puerta de la casa abierta para que entrara más brisa fresca. Así que con el alboroto madre que hicimos, lo asustamos y salió corriendo por la puerta hasta que se perdió en el patio. El estaba tan asustado como yo. Segura de eso.
¿Por qué optamos por una medida drástica esta vez? porque me estaba afectando mucho tenerlo en casa. Saber que hay un ratón en mi casa me descompone. El jueves en la mañana antes de salir a la oficina revisé cada rincón de la casa y me percaté de que no había rastros de roedor. Me sentí feliz. Pensé que se había ido. Pasé el día feliz, pero el viernes fue distinto.. bueno, en realidad Dani me dijo que lo vió y eso me dañó el día. Así que lo decidimos. Había que ser drásticos y salir de él.
Yo solo soy accesorio de un asesinato. Yo compré el veneno el año pasado y siempre que arreglaba el gavinete de artículos de limpieza tomaba el envase en mis manos, leo la etiqueta, pienso en botarlo y acto seguido lo guardaba por-si-acaso. Eso explica mis huellas allí. No ejecuté el acto. No distribuí el veneno en la casa, no tomé la escoba para sacarlo de la casa, no lo llevé al monte, no pueden echarme esta muerte a mi... y ya mi conciencia casi ni me reclama por haber participado en lo que participé.
Es duro. Realmente me quedé en shock. Sentimientos mezclados. Estuvo bien, era lo mejor, era la solución más conveniente. Entonces ¿por qué me siento tan mal? ¿por qué tuvo que venirse a meter en mi casa este ratoncito? que horrible es disponer de la vida de un ser vivo.
domingo, enero 28
Domingos de bong y bong: ensayo musical
Crecí de vecina de un artista en ciernes. Bueno, mi vecino era amante de la música, tenía un mini estudio de grabación que compartía pared con nuestro apartamento, desde allí inició una radio pirata - hoy seguramente les diríamos radio "alternativa"- desde allí componía música y hacía arreglos musicales a diversos artistas y jingles con el más sano sabor electrónico.
La música -o sus sonidos y notas en elaboración- rondaban la sala de la casa con frecuencia sobre todo lo fines de semana y las tardes-noches en general. Al amigo vecino le gustaban los ensayos nocturnos y si estaba inspirado el volumen subía y subía.
Cuando me mudé al apartamento con mi hermana, el ambiente era tranquilo salvo las tardes y los fines de semana, momentos en los que tanto los vecinos de la calle de enfrente fresquiaban en sus patios junto con música llanera o vallenatos estridentes... tanto que yo vivía en un piso 3 y esas casas estaban a una calle de distancia. Si me faltaba ánimo, solo tenía que abrir la puerta del apartamento un sábado o domingo en la tardes para dejar que entraran los sonidos más rítmicos del apartamento B del piso 1, cuyos dueños alegres, simpáticos y animosos constantemente tenía el equipo de sonido -fuese minicomponente o picó- dispuesto a regalarle las mejores rancheras a todos los que habitábamos allí.
Ahora que vivo en la casita, pensaba que el sonido ambiental de mis vecinos no estaría presente porque nuestros linderos los compartimos con el patio de la casa y éste a su vez con el barranco. Nada de paredes compartidas, nada de apartamentos arriba o abajo de nosotros. El privilegio de la música comunitaria de las tardes de los fines de semana se hacía finalmente lejano.

Pero no fue así. Estimo que tenemos adolescentes nuevos, inquilinos nuevos o simplemente hobbies nuevos porque ya no es música o sonidos en pos de una composición musical estructurada. Ahora estoy acompañada por las conversaciones animosas de un par de baquetas, unos redoblantes y un bombo, que se juntan y dale que te dale, llevando el ritmo, tratando de sonar cada vez mejor en conjunto con la pista musical subyacente. Ahora tengo a mi propio rock star in progres, practicando ávidamente hasta lograr que lo acepten como el nuevo ídolo o grupo de esta generación.
....Y yo que me reía calladita de la pequeña tortura de mi suegra y su vecinito baterista. Vaya que ella tenía una pequeña piña en la pared de junto, un tun-tum repetitivo, poco cadencioso y muy persistente. ¿Será mi castigo por haberme alegrado de ir a su casa solo como visita, cada vez que el mediosordo muchacho la emprendía con la batería como si de derrocar al gobierno se tratara?
Me morderé la lengua, no hay más que decir. Los ensayos musicales inesperados, de tardes de sábado y domingo, esos momentos muertos donde uno desea oír un buen lounge o un chill out o bosa nova tipo tranquilo tomándose algo, haciendo jardinería o comiendo rico, han quedado para el recuerdo. Lo mío por lo visto debe ser música incidental de tuqui tum, de gaitas o batería no importa, pero comunitaria al fin.
lunes, diciembre 25
Nieve 1 / Realidad 0

Los viajes de realidad virtual cada vez son mejores. Cada vez es más factible tener una total experiencia sensorial que “reviva” los mejores momentos de la vida, sin siquiera haberlos vivido realmente. Gracias a estos viajes he perdido el miedo a volar, he recobrado experiencias de épocas anteriores y ahora puedo revivir mis encuentros con la nieve. Así he igualado mi marcador personal con recorridos turísticos; así espero igualar mi marcador con ella (la nieve).
Nieve. Siempre quise disfrutarla a plenitud; sentirla entre mis dedos, diluirse fría en mis cabellos, quemante en mi retina. Desde los 6 años de edad sé lo que es el hielo... y no me refiero al de nevera, no señor. Me refiero al hielo que queda después de una nevada fuerte y gruesa, que recubre caminos, rocas, puentes... ese hielo que adormece los brazos y los oscurece cuando quema.
Lo descubrí por primera vez en Bariloche. Frío glacial que resonaba por todo el bosque cuando deshelaba y caía al río; era hielo parejo, cumbres heladas en la montaña, todo blanco alrededor, hielo debajo de mis pies cuando me advertían: “Cuidado, está caminando sobre un cauce congelado”... Bellísimo; pero no, no había nieve, ni rastros de ella por venir. “Ayer nevó y fue hermoso, seguro que hoy...” sí, claro, seguro.
Mi segunda (y tercera) oportunidad se escurrió en el pico El Águila. Fui sin expectativas. Quizá sólo esperaba una fría brisa que resecara la garganta y cuarteara la piel. En estos casos es absurdo obsesionarse. Pero el día cambió, el viento se hizo pesado -casi irrespirable-, lluvia menuda y persistente. Esperé. Esperamos. Pero fue tiempo de volver ¿y la nieve? Bien gracias.
El titular del siguiente día señaló, sin embargo, que "la nieve pasó por allí y se quedó la noche entera". Ironías. Ya de grande me di por vencida. Ensayé la pose de “dejar hacer, dejar pasar”, sin pasiones por la nieve. Pero no. Me tentó. Este año mis hermanos saciaron su curiosidad viviendo "LAS" nevadas.
Mientras uno de ellos disfrutaba a sus anchas en los Alpes Italianos, y la otra se distraía familiarmente haciendo ángeles blancos con los compañeritos de guardería de su hijo; yo, admiraba las fotos en el trópico con indignante frustración. Fue en la florida y soleada primavera canadiense cuando comprendí que debía tomar acciones.
De madrugada, mientras embarcábamos en Venezuela, allá Canadá se teñía de blanco: nevada sorpresa para recibirme y hacerme entender que no me dejaría en paz. Durante dos días nos acompañó. Tras cada amanecer, una delgada capa de nieve acumulada debajo de los árboles y en las aceras me recordaba que estaba más cerca pero aún lejos de igualar mi marcador.
"Pero si eso no es nieve, eso es suciedad; nevada buena fue aquella de finales de febrero cuando...", me explicó mi hermana, y yo, con ganas de... bueno, al menos mi sobrino en algo la apreció. Tristemente lo veo seguir mis pasos en busca de otra ocasión de sentir la nieve sobre su cabeza y derretirse en sus dedos, y sentir que quema como me quema el brazo cada vez que la toco. ¿¡Quemar!? Bueno, en realidad arde con furia en mi brazo derecho... Cuando mi sobrino se quitó el guante para hacer una bola de nieve...
- ¡ARDE! ¡basta! ¡basta! ¡OIGA!
Los operadores corrieron prestos a la cabina 205 para tratar de solucionar el incidente. “Enviroment Reflex” presta un servicio de muy buena calidad: confortables cubículos de 2x2, full equipados con lentes y catéteres desechables, solución ilusional lumínica auto-administrable, temperatura regulable.
- Disculpe señor, ¿cuál es el inconveniente?
- Este sensor está averiado. ¡QUEMA FRÍO!
- El anterior usuario de la 205 siempre ocasiona trastornos. Por alguna extraña razón, quien desee usar la 205 luego de él, recibe un ambiente gélido y experimenta fuerte ardor en el brazo derecho justo cuando se inyecta líquido ilusional por el catéter; sin embargo, es el mejor cliente y paga mucho por disfrutar un viaje virtual 100% sensorial.
"Nuestras excusas señor. Por favor pase a la Supreme5000, le obsequiaremos un upgrade de sesión por cuenta de la casa. Vamos a cerrar temporalmente la 205 para verificarla".
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viernes, diciembre 22
La luz en el arbolito
Es Navidad, y la esperanza es lo que siempre me acompaña. Eso me trajo a la mente este cuentito que escribí hace unos años, y que siempre me hace sentir bien: la esperanza está, y seguirá siempre.
Un beso a a todos!!
Cuando la familia empieza a crecer, uno empieza a buscar respuestas en el baúl de los recuerdos -ese que se guarda en el hipotálamo-, respuestas a las preguntas que uno hacia de pequeño, y en esa búsqueda también se empieza a recordar cómo éramos cuando niños. Hace un par de noches mi sobrino me puso en esa situación: “¿Y por qué le ponemos luces al árbol de navidad? ¿Si se las quitamos -me dijo- las podemos poner en mi almohada?” Con esas preguntas empezó mi búsqueda.
Cuenta la leyenda que hace cientos de años -cuando cambiaba el planeta sus ropas- cayó una noche muy larga y profunda que trajo angustias a los habitantes de una tranquila aldea. Ellos creían que los dioses se habían molestado y la ausencia de la luz era el castigo por alguna falta, por eso, intentaron buscar remedios para tanta penumbra, mientras que sus corazones y vidas poco a poco se iban enfriando. Sin diferencia entre claridad y oscuridad, los días eran largos y descontrolados, la vida se hizo insípida. Sólo los niños parecían distraerse con sus juegos.
Una noche -¿o sería durante un día?- el pequeño Yleón perdió el rastro de la aldea jugando al escondite. Solo y en la oscuridad, sintió mucho miedo. El cielo y el horizonte se unían y probablemente nadie podría hallarlo. Resguardado bajo un árbol, deseó con todas sus fuerzas una señal que lo guiara a casa y prometió no separarse más nunca de su familia si la volvía ver.
En sus sueños vio un millón de luces girando a su alrededor: grandes, pequeñas, brillantes y hermosas. A cada paso que daba una nueva luz germinaba desde el suelo como una flor y se posaba en la rama de un árbol, una tras otra, hasta que se iluminó una gran hilera de pinos. Esta hilera lo guiaba a casa.
Cuando divisó su aldea, Yleón se detuvo para ver sobre su hombro. Tras de sí había una estela luminosa y frente a él las sombras de un pueblo. Caminó hacia el poblado como un dios iluminado al que nadie vio. Todos dormían. Sigiloso anduvo entre las casas buscando la suya, sin éxito. A su paso, dejaba en cada árbol de cada casa una luz para mostrar el camino de vuelta. Sin saberlo, poco a poco iluminó todo el paisaje.
Nadie entendió lo que había pasado -¿importaba acaso?-. Por primera vez en meses se distinguía el cielo de la tierra: la luz había vuelo y con ella regresó la calma al corazón de los aldeanos.
Sin embargo, de Yleón nada se supo. Un viejo cazador que dice haber encontrado su cuerpecito como dormido, ya sin vida, bajo un árbol, lo vio desvanecerse para transformándose en una luz muy intensa. Dice que tomó sus brillantes restos del suelo y los lanzó al aire, pero la luz se posó en el tope del pino más alto de la aldea, donde brilló con intensidad. Algunos creen que Yleón deseó tan fuertemente regresar a casa que los dioses lo llevaron a su casa celestial y dejaron luces de recuerdo para que no lo extrañaran.
Yo no sé si la historia es cierta, pero cada año cuando la larga noche se acerca, una luz muy brillante se posa en el tope del pino más alto de la aldea. Parece un acto de magia, y así nunca está totalmente oscuro. Desde entonces se celebra la Fiesta de las Luces (a la que algunos llaman la Noche Buena), se cena en familia, se abren regalos y se iluminan todos los árboles en señal de esperanza y buenaventura.
Como dije, no sé si la historia es cierta, pero recuerdo que una vez alguien me dijo que “si le quitamos la luz al árbol, Yleón no podrá encontrar el camino de regreso a casa”. Eso sería terrible. Desde que Yleón volvió, las noches de navidad son las más tranquilas y las luces en el cielo brillan con más intensidad.
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lunes, noviembre 6
Navidad, navidad: que llegó en noviembre y no hay quien la pare

Al entrar el 1er de Noviembre el aire se llena de Navidad y es imposible evitar contagiarse o esconder la sonrisa que se asoma en la cara cuando se piensa en los regalos, las visitas, las cenas, la diversión y la unidad.
Para estrenar el ambiente navideño en mi blog, les dejo un relato alusivo a las fiestas que escribí hace 4 años para la revista Mureche.net. Espero que les guste.
De bolsas de carbón y desencantos
Siempre que llegan estas fechas es lo mismo: la agitación, la carrera, el apuro de regalos, ni imaginé las cosas raras que podían pasar... además cuando uno tiene 7 años, ¿qué puede ser más importante que los regalos y los mimos de todos?
Ese diciembre me sabía todas las respuestas. Había salido bien en el colegio como siempre (salvo el asunto de la mala nota en conducta que era una fija). La carta del Niño Jesús estuvo oportunamente escrita, re-escrita, revisada, ampliada, corregida, versionada y finalmente colocada en la rama más alta que alcancé en el árbol de Navidad. Me había esmerado en mi carta; ¡cómo no hacerlo! Me merecía muchos obsequios pero había madurado, así que limité mi selección a cuatro o cinco artículos, y no pedía la foto del cielo ni de la familia del Niño Jesús (creo que esas fotos formaron parte de mi lista de regalos en varias ocasiones). Evidentemente esta era mi Navidad. El Niño no podía tener quejas en mi historial anual de comportamiento. Yo era un ejemplo y merecía todos sus regalos.
Mi esperado sueño de una Barbie espectacular, incluyendo ropa y accesorios estaba a pocas horas de realizarse. Los otros pedidos eras juguetes complementarios; quien captaba mi atención era Barbie. Como siempre nos mandaron a dormir temprano, justo luego de la cena a las 10 de la noche; claro está que yo, niña consentida, tenía que quedarme faranduleando con los grandes... Además, en vista de que no había pedido las famosas fotos, tenía que ingeniármelas para captar, cual momento Kodak en mi mente, al Niño Jesús dejando los preciados obsequios bajo las camas de mis hermanos y la mía. Tuve a mis familiares bajo la mira, supe en todo momento dónde estaba cada quién, haciendo qué cosa. A mí nadie me vendía la idea de que los padres eran los delivery guys de los juguetes, que el Niño no existía... noooooo, eso jamás. Yo los tenía bajo control.
Estuve merodeando y jugueteando con las bengalas hasta que el reloj dio las 12:10 pm. A esa hora ante el revuelo que causaban los grandes y los ansiosos niños, salí corriendo a los cuartos “¡El Niño!, ¡El Niño! Se pasó la hora” y conmigo mis hermanos, cada cual a su cuarto a ver bajo las camas.
“Hey, que caja tan grande”, “Mira cuantos regalos”, “Esto pesa, ¿qué será?”, expresiones de mis hermanos, todos felices. Cada cual tenía los regalos debajo de su cama, un poco más a la derecha o cerca del closet. Los regalos de mis hermanos habían llegando pero no estaban los míos. ¿Y yo? Recuerdo mi confusión ¡mis notas eran las mejores!, mi carta fue la primera en hacerse, mi comportamiento promedio había sido bueno ¡YO QUERÍA MI BARBIE! Revolví todo el cuarto, incluso busqué bajo la cama de mi hermana 2 veces, yo antes dormía en litera y en el cuarto de al lado, quizá ese cambio hubiese causado confusión; revisé todo NO HABÍA BARBIE; NO HABÍA REGALO... ¡YO QUIERO A MI MAMAAAAAAA!
En las crisis infantiles las madres son el mejor consuelo, los oídos más prestos y las manos más suaves. La mía jamás fue la excepción. Me ayudó a buscar en cada cuarto, guiándome con frases muy útiles hasta llegar a su cama. ¿Qué caso había? A los adultos no les llegan regalos, además, el Niño siempre sabe donde están los cuartos de los niños... No encontré nada. Ella insitía: “Levanta el faldón del cubrecama” y yo seguía sin lograr que ella entendiera que el Niño no se equivocaba. Resignada, ahogada en mi desconsuelo, y con voz hondamente triste, acepté agacharme a ver bajo su cama... Y allí estaba: un regalo delgado y largo. “Aquí está mami, el Niño te trajo un regalo a ti... a mí, nada”. La ingenuidad infantil es terrible. Nunca creí posible que me pasara, pero mi mamá lo explicó sin rodeos: el Niño estaba muy apurado, se le había hecho tarde y yo había estado vigilando el pasillo y las puertas de los cuartos de tal forma que no le dio tiempo de hacer las cosas bien.
La Barbie era mía, solo un regalo, mal ubicado y a deshora; pero mía. Las lágrimas no me las quita nadie, menos mi confusión y mi profundo orgullo herido. ¿Por qué a mí? los hijos de mi madrina cuando no encontraron regalos bajo sus camas fue porque bajo el arbolito les esperaban bolsas de carbón de tamaños variables, bien identificadas y con su correspondiente lacito rojo. A otros niños sus juguetes les llegaban al día siguiente o en Reyes, pero ¿a mí? Nunca entendí las causas aunque, por si las dudas, creo que ese fue el último año que esperé al Niño vigilando la puerta del cuarto.
Ya de mayorcita comprendí todo lo que no pude ese día: el Niño era hábil pero no tanto, así que se apoyaba en los padres... menos afortunados. Mi vigilancia había sido tan férrea que mi mamá tuvo que hacer malabares para dejar los regalos debajo de las camas. Apenas me escuchó decir que era la hora, las puertas de los cuartos sonaron desaforadas, ¿qué hacer? Dejar el regalo en su cuarto fue la única forma de cumplir sin ser capturada. El Niño debía visitar muchos hogares y tenía que apoyarse en padres lentos... ¿cómo era posible?
Han pasado casi 20 años y aún recuerdo esa dura Nochebuena. Ahora me doy cuenta de que es mejor hacerse el loco cuando uno está esperando algo preciado, de lo contrario se corre el riesgo de que el regalo caiga en manos equivocadas. A pesar de la madurez obligada, insisto que las fotos hubieran sido una verdadera nota.
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Mureche # 24, Año 2003. Edición Navideña 2003
martes, octubre 24
Había una vez en una noche tranquila
Los niños por fin duermen y él puede regresar con su esposa a invertir el tiempo en las caricias pendientes desde hace días. Julián colocó el libro en la repisa azul y echó un rápido vistazo a la habitación de los morochos. “Todo parece en orden”. Quizá la ventana estaba muy abierta pero con el calor de los últimos días una leve brisa sería bienvenida. Sonrió. Lo que le esperaba en su cuarto no debía demorarse más.
- “Prohibido ausentarse en horas laborales. Revise sus respuestas antes de empezar. Sacuda sus ideas. Cárguese de buenos consejos”... PURA BASURAAAAAA. Puras buenas intenciones, puras maravillas, pura esencia...
Déjeme en paz. No pedí este trabajo ni tengo que hacerlo a su modo”. Rumiar frases es tan inaceptable como permanecer día tras día encerrada en la torre; una tortura que debía disfrutar como sus antecesoras pero ella no soportaba. La actitud de Tsuni nunca fue la convencional para alguien de su rango. Su cabeza reventaba de ideas, su espíritu quería salir, afuera, sin regreso, rápido; pero estaba tan pesada por la carga obligada de polvo de estrellas que era casi imposible escaparse y volar hacia tierras donde no la buscasen a diario para realizar sueños. Lo intentaba cada noche. Respiraba hondo, miraba a su alrededor, chocaba los talones con un decidido golpe y emprendía el vuelo. Toda su energía para alcanzar una ventana tan alta que nunca... pero intentaba a diario, un día ¡zas! La historia sería otra.La habitación de los niños era amplia, con muchos libros y varios juguetes. El único problema eran las paredes internas un tanto delgadas, que dejaban pasar el ruido de la habitación contigua sin muchos rodeos. Probablemente fue esa frágil construcción que hizo vibrar la repisa de libros que se apoyaba en ella. Probablemente fue la brisa de media noche que se coló con fuerza entre las cortinas y coincidió con algunos “golpeteos” provenientes del cuarto de junto, no lo sé; pero el delgado volumen de historias se resbaló y cayó boca abajo, entreabierto en el suelo. Supongo que allí empezó todo.
"¡AAAAAY! Carajo, ¿qué pasó?". En un acto sorprendente, del libro que cae y choca contra el suelo, y del impulso de autoexpulsión de un pequeño ser, se liberó un hada que siempre debió ser retenida por su furia en un frasco de papel con cerradura de plata. La experiencia fue extraña. Parecía una distorsión de la realidad. Con los ojos muy abiertos se encaminó por las figuras peculiares; tropezó con ciertas formas mullidas de colores brillantes. “Tierra de gigantes; llegué a tierra de gigantes”. Chocó sus talones para elevarse. Tomó vuelo tan alto como pudo y se posó en el centro de la habitación; era una visión de miedo. Frente a sus ojos, un par de estructuras marrón, pesadas y muy grandes con algo encima indescifrable se movían como respirando. Sonidos ambientales graves, algunos más agudos. La adrenalina fluía. “Liberada de obligaciones cumplo con mi ser. Disculpas no debo.” Conforme Tsuni asimilaba el entorno su aleteo cambiaba de ritmo. Imaginarse viviendo el recién conquistado desempleo le hacía aletear con más intensidad que nunca.
El golpeteo de junto se repitió de pronto. Ella ni se percató. Revoloteaba de derecha a izquierda absorbiendo partículas de una atmósfera nueva, vaciando una estela de fino dorado con cada movimiento. “Demente al creer que no podría. En tierra de gigantes nunca me buscarán”. Dicha plena aliñada con curiosidad e imaginación precoz de un hada de sueños. Las vibraciones viajaron por las paredes acompañadas de murmullos de voces entre exhaladas y agitadas. Eventualmente captó su atención, agudizó sus oídos. Su corazón latió doble y le hizo aletear a destiempo por un segundo, descendiendo centímetros en caída libre. Se repuso, su sistema interno entraba en alerta. Sobrevoló hacia las estructuras marrones “¿Habrán notado mi ausencia?”. Regresó, giró en círculos. Seguramente sabían que no estaba en la torre, seguramente la estaban rastreado. ¿Esas voces vendrían tras ella? Las preguntas le golpearon el pensamiento.
- “Uhmm... no te vas escapar”.
- “Shisss... no hables tanto”.
La sutil vibración de las repisas hubiera pasado desapercibida si no fuese por una hada sobreaviso. Miró de nuevo el horizonte, divisó el delgado libro que yacía en el suelo y voló hacia él sin variar su altura. Más ideas bullían en su cabeza. Los sonidos exteriores se apagaban pero percibía movimiento en aumento, seguro se acercaban. Su corazón latió rápidamente aunque esta vez controló la intensidad de sus alas. “Enfrentarse al objeto de perturbación. Dar la cara". Su mente hervía como su sangre. No podría escapar en tierra de gigantes. Los suyos la buscaban, pronto la prenderían. Su rastro dorado no se desvanecería por horas, su olor impregnaba el aire, podían sentirla a millas de distancia. Tsuni se agitó una vez más. “La torre. Regreso, nadie cuestiona mis actos. Me encuentran, pierdo mi reino; castigo eterno”. Respiró hondo y empezó a descender. Mientras más se acercaba más podía sentir el movimiento, la energía que surgía del fondo. Sus alas modificaron su ritmo, más lento, más denso, el sonido cambió con el olor del ambiente. Estaban cerca, podía sentirlo. Miró el libro cenitalmente, con tanta agitación su piel distaba mucho de estar lívida. Tragó grueso mientras gotas doradas transpiraban de sus alas. “Será así” pensó. Descendió aun más lentamente, la resistencia del aire entre sus alas se había modificado. Estaban muy pesadas.
- “Hey... ¿oíste?”
A menos de seis centímetros de la entrada vibración repentina con onda sonora la distrajo. Perdió la concentración. “¿Qué ocurre?” Un frenesí instintivo cual colibrí en primavera la empujó hasta el horizonte. Sintió vibraciones fuertes, surgían desde el extremo opuesto, viajaban por las paredes y llegaban hasta el libro. “Volar, buscar. Antes de regresar debo ver”. Tsuni ascendió hacia la izquierda, veloz buscó la fuente de las ondas que se desplazaban en la distancia, se acercaban, su piel se erizó. Tsunami de viento.
“Niños, ¿todo bien? Escuché ruidos”. Julián asomó su torso tras abrir la puerta con un solo movimiento. El gastado silencio de una noche cualquiera sólo se alteró con su estornudo. “¿Y este polvero?” Julián dio un nuevo vistazo a la habitación; la ventana sí estaba demasiado abierta pero todo lucía normal, simplemente se había caído un libro. No lo recogió, ¿para qué? Era una noche tranquila de esas habituales, comunes y corrientes, en las que se escapa un hada y termina pegada contra la pared cual estampilla por estar de curiosa, deseando ver de cerca la vida de los gigantes.
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domingo, octubre 8
Yo sí soy boca-abierta, a mucha honra
Entre las cosas que nos diferencian de los animales destaca nuestra capacidad de reír, odiar, razonar, soñar. Dejando de lado algunas cosas, soñar me parece una cualidad maravillosa. Admito que soy una soñadora de oficio o como dirían las abuelas (y algunos de mis maestros de primaria) soy una “boca-abierta”, por abstraerme de la realidad y concentrarme en mis asuntos soñando despierta... sin embargo, soñar despierta ha sido una manera de construir mi vida.
De pequeña quería ser profesora y aunque mis padres me convencieron de que esa no era la profesión más adecuada para alguien como yo, de joven tuve la gran oportunidad de dar clases en un colegio durante dos años seguidos. ¿La verdad? mis padres fueron muy visionarios... De adolescente decidí que lo mío era la publicidad, por aquello de la creatividad, y la vida me enseñó que mi camino iba por las comunicaciones desde otra perspectiva... menos creatividad y más practicidad.
De adulta quise viajar, conocer gente y lugares variados. Todo lo que he podido hacer con creces. Todas estas ideas surgieron en momentos cuando se suponía que debía estar enfocada estudiando o haciendo cosas más productivas... soñar ha sido un ejercicio bastante productivo para mí.
Quien lea esto dirá que es el colmo, que una mujer hecha y derecha siga con esas boberías de soñar despierta, pero yo sigo soñando. Mi vida perdería sabor si dejara de hacerlo. Muchas de mis bendiciones han sido sueños vueltos realidad, y aunque algunos de mis sueños no se han cumplido todavía, estoy segura de que me queda mucho por soñar.
Solo dentro de mi ser, queda un sueño sin cumplir, que me tiene desconsolada: ¿cuándo inventarán una varita mágica poderosa, para poder arreglar mi cuarto sin esfuerzo?
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martes, octubre 3
Música de compañía.
La superficie de Camila es suave como una esfera de metal recién pulida, menos fría que el mármol, con más textura sin duda, sin hundimientos, fuerte y húmeda. Ella se sabe dueña de su forma y te palpa, se siente, te suda, se viste con las respiraciones que van marcándose en su vidrio mientras ella solo oye un saxo en su cabeza. Tú la miras.
De pronto sube con un movimiento largo y se desliza, sus dedos están en el borde de la pantimedia a punto de suicidar el suspiro medio estructurado del mirón de turno. Tú la supones.
Ella retoma su tempo grácil. Una hembra rebelde se desenrolla junto con ella en un movimiento acompasado, desdoblés a desdoblés cada poro se funde con la fibra de ropa que la descubre, se ocultan para tratar de respirar a través, adhiriéndose hasta formar una sola superficie poro-piel-fibra-tela-aire-mano. Camila sigue cabalgando en tus latidos. De pronto abres los ojos y no está.
La cortina que separa la función del día se corre y penetras la tela buscando sus ojos, ¡qué importa! Sabes la melodía. Dedos ágiles que se deslizan alternando blancas y negras mientras su pierna izquierda llega a la cima y el cuello se expone al próximo ataque, inocente, provocador, indefenso. Ella tranquila en acorde a cuatro manos se mete en tus vellos. Tú la liberas.
Te apresura la corneta del “capataz” y deslizas la Amex por el mismo carril donde se ha estado moviendo 5, 15, 20 horas atrás, días atrás, notas atrás. La función sigue. Tendida sumisa sobre su dorso, aguarda a que sigas su mano hasta la entrepierna. El saxo aumenta, no sabe que estás, nunca lo sabe pero igual te espera. Un dedo se escabulle de la vista y como inspirada hace una U invertida con tu espalda, desliza su liguero, abre los ojos y succiona esa gota de sudor que llegó al vidrio; cierra las piernas y te respira bífida, coralina, peligrosa.
Hoy eres el último. En su cabeza Coltrane exhala la nota final; su sonrisa oculta unos labios prestos para morder pero sus ojos inocentes indican el camino de vuelta a casa. La sigues con la mirada y apagas el metrónomo, 1-2, 1-2, 1-2-3. Un inusual beso se despega del metal pulido, cruza el vidrio y se evapora. Hoy casi. Camila.
lunes, septiembre 25
Boticario de un recuerdo
Busqué algo donde anotar. Pasé páginas del diario, vi rostros, nombres. Escribí entre pliegues roídos "El guerrero astuto que venció antes de la batalla"; "1 manzana al día, solo vacía mis bolsillos"; sorbí un poco de leche y aparté el cereal para que se humedeciera un poco más. Recuerdos, retratos, objetos, pasados, memorias. Obituarios. Busqué nuevamente el papel y limpié mis uñas manchadas de aceite. "A la memoria de Fredo, un padre ejemplar que siempre estuvo con los que le quisieron". Reí en mi mente. Fredo siempre estuvo con los apostadores del hipódromo y bueno... solo pensaré en sus hijos cuando los cobradores terminen de cargar sus cosas. "Gran filántropo hacedor de sueños en realidades". Volví a reir; antes de eso no se me había ocurrido que un famosos estafador blanqueador dólares como metros de tela Ace, pasara al recuerdo por sus dadivosas contribuciones. Arrugué el pliego. Obituarios, me repetí. Cerré las ventanas. Apagué las luces. Me acerqué a la puerta y respiré profundo. Tenía que salir.
"Buenos días Matilde" - me dijo la joven animosa arreglando su pelo- "Buenos días" respondí con disposición y seguí a su encuentro. "Aquí tienes tu medicina", y mientras le acercaba el frasco de vidrio metía en su interior un pedacito del pliego 715-B que yacía solo minutos antes debajo de la pila de papeles del mostrador del fondo. "Me complace verte tan animada" le dije. "La medicina te está prestando bien. Ten y recuerda: nada de olvidos, tus nietos esperan por ti y solo queda un pedacito adicional de tus memorias. Si las sigo diluyendo en alcohol, ni tú recordarás de donde viniste a esta tierra". Ella no dijo nada pero sus ojos saltaban de felicidad viendo el frasco, hasta que lo tomaron.
Con agilidad lo escondió entre sus bolsas de papel marrón y salió sonriente y saludando de despedida. Era inevitable. Me volví a mi asiento. "Susana, Susana.... indómita pescadora de sueños inanimados, conquistadora de reyes ajenos."
Quizá sería exagerado. Metí mi mano izquierda en el bolsillo de mi bata y saqué el viejo pliego. Lo extendí y escribí con cuidado el saldo de la cuenta de Susana. Con esta entrega, quedaba solo 10% de su vida en mis manos y ni ella misma lo quería. Era una pena. Joven, inteligente, irrefrenable, incosistente. Es todo lo que podía decir. "Eterna amante de caballeros imposibles". Me gustó más. "A la memoria de quien hizo mohínes literarios que alegraran marcos textuales de personas sin tiempo". Bajé la pluma. En pocas horas llamaría al diario para publicar su obituario y yo bajaría nuevamente la santamaría.
Despertar realmente es lo más fácil del día. Solo recuerdo esa entrada.
miércoles, septiembre 13
Un cuento corto (enviado por una amiga soltera claro!)
Había una vez una muchacha que le preguntó a un chico si se quería casar con ella y el chico le dijo "no".
Y la muchacha vivió feliz para siempre, sin lavar, planchar ni cocinar para nadie, saliendo con sus amigas, tirándose al que le daba la gana, gastando su dinero en sí misma y sin trabajar para ninguno. "
FIN DEL CUENTO
El problema es que de chiquitas, no nos contaron este cuento...
Y nos jodieron!
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Las solteras estamos aún a tiempo… y las casadas… bueno… lo lamento…
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lunes, septiembre 11
Locura caraqueña (¿Me dejará salir ahora doctor?)
... Como le decía, estuve despierto toda la noche. Fuimos a ver el flamenco en el Teresa Carreño y luego comimos en La Castellana. Fue una velada divina, como pocas: el cielo estaba despejado y desde la terraza del café la ciudad se veía cálida y se sentía transparente. Luego nos fuimos a mi apartamento y nos quedamos en el jacuzzi para tener más privacidad... usted sabe doctor, si bien la piscina del edificio está vacía la mayor parte del tiempo, no es muy agradable que un trasnochado vecino se asome a su terraza y lo vea a uno, pues, retozando en la desnudez de la noche. - Continúe por favor. - Pues bien, fue allí donde pasó. Ella se acercó a mí, como buscando una respuesta a su incomprensión, asustada más que maravillada de sus contrastes, de sus colinas y sus túneles, de sus claros y cubiertos caminos; y de esas puertas a la felicidad que reciben al buen buscador. No sé como pasó doctor. Solo sé que la amé. La recorrí completa, lentamente, con calma, con tiempo; cada altura alcanzada daba hacia un lado de la ciudad que no había visto antes. Cada curva que terminaba en un hueco no era lamentar perder el tren delantero, sino, entrar a un submundo desconocido. - ¿Y ella, cómo reaccionó? - Ella se portó como una diosa doctor. Me guió. Dejé que me paseara con los ojos cerrados. Hurgamos en su pasado y vimos la "elít" de los años 50 posando para una pareja de extranjeros que recrearon los mejores carnavales de la época. El flash nos cegaba, pero seguimos, no paramos. Era maravillosa ¿despreciaría alguno de sus encantos, el brillo de sus lugares, el peculiar aroma de sus locales?... doctor, ella me deslumbró. Nunca imaginé que conjugara también el placer con lo sagrado en una misma esquina, y lanzara los dados para ver en cuál nuevo palacio se agregaba la gente para escapar de sus demonios. Me dejó sin habla. Ella, ¿cómo le digo?... se desdobló. Sí... Por un momento estabamos en La Esmeralda vestidos con las mejores galas internacionales, rodeados de champan y caviar dorado, muy fashion, muy chic, y de repente, tan solo bajar doblando una calle, se trasmutó. Dejó que el latir de la calle calentara sus pies, sus piernas, su ser. Reía con su cabello alborotado, sudorosa, maligna, dominadora, salvaje. - ¿Le agredió? - Solo un poco... lo suficiente como para que la adrenalina estallara por todo mi sistema y la deseara más. Cuando me mostró el cuchillo solo pensé en darle todo lo que tenía, mi billetera, mi anillo, mi pulsera... ella se sirvió con mano fuerte pero temblorosa y me encantó. El filo de la hoja estaba muy frío, creí que si mi garganta dejaba escapar algún sonido la atravesaría en un segundo; pero pronto se perdió en la penumbra como había aparecido y nadie había visto nada. Nunca me sentí tan sofocado, tan agitado. - ¿Le detuviste entonces? - Jamás. ¿Cómo podría si me contagié de su energía y decidí tomar las riendas? La alcé en vilo, la saboreé, la escalé, la caminé completa. Arriba y abajo, dentro y fuera, la perseguí; la música nos aceleraba; el "beat" del techno penetraba en la sangre y salía por cada poro extasiado con el movimiento. Entramos y salimos muy rápido de muchos lugares, cruzábamos la calle y llegábamos a otro. ¡Viva el alcohol y la velocidad! No sé cómo, pero paramos en la playa. No recuerdo bien, pero mis ojos explotaban con mi agitación, mi corazón nunca bombeó tan fuerte como esa noche. Entre las olas, fui el amo y señor. Fue maravilloso. - ¿Volverá a verla? - Como todos los fines de semana, doctor. Espero que entienda que se ha vuelto como una droga. Quisiera tenerla siempre entre mis manos, atada a mis piernas... Este viernes pienso llevarla a la cima del Avila y allí con el frío y la vegetación le propondré matrimonio. - Uh... creo que es muy prematuro señor Almeida, el próximo miércoles hablaremos sobre esa idea del matrimonio. Por los momentos, aléjese de ella. Vaya esta semana al campo con el equipo. No obstante, pase lo que pase, este viernes no la busque, no la desee, ni siquiera la vea desde la distancia. Deje de verla, es por su salud. Recuerde, discutiremos su matrimonio el miércoles. Si se sientes caer, llámeme. El señor Almeida murmuró algo, asintió con la cabeza, sonrió. Se arregló la corbata, pasó su mano por la cabeza, corrigiendo algunos cabellos rebeldes y se fue pensando en ella, como siempre. La puerta se cerró. El psiquiatra arrancó su hoja de notas y la anexó al expediente. En él se leía: Caso 08238 | ||
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lunes, septiembre 4
De cómo los uniwoks perdieron el juego
Ocurrió una "Noche de Reinas" en una oculta isla polinesia, cuando el cinturón de Orión destellaba con fuerza sobre el campo. Hasta ese entonces los uniwoks solían mezclarse frecuentemente con los biwoks, unos seres de voces graciosas, muchas siluetas, cuerpo formado por pares (de patas, de brazos, de orejas, de ojos), muy trabajadores, pero de escasa creatividad. Los uniwoks les habían enseñado cosas como hacer fuego, reírse y danzar. Conforme los biwoks se desarrollaban como sociedad, descubrían razones para imitar a los uniwoks más y más, pero en el fondo, les envidiaban por estar siempre adelantados.
Una tarde, cuando estaban en la selva recogiendo frutos, un grupo de jóvenes biwoks descubrieron el "bolwok" por casualidad (aunque algunos uniwoks ya lo practicaban y lo conocían como "eskimo"). Los biwoks acostumbraban a juntar frutos los cuales se repartían en proporción del trabajo realizado: quién más frutos conseguía, más llevaba a casa.
Ese día, por culpa de un animal asustado, algunos frutos rodaron por el piso y los jóvenes corrieron para alcanzarlas; entonces, los más pequeños los patearon para detenerlos y traerlos de vuelta al montón. Los más chicos pensaron que era gracioso la forma cómo rodaban los frutos y decidieron usar esa técnica cada vez que se les escurría algo. Poco a poco descubrieron que eran hábiles con sus patas pero extrañamente decidieron no mostrarlo a sus mayores ¿Cómo les explicarían que maltrataban la comida?
La "Noche de Reinas" era la fiesta donde ambas comunidades se unían, mostraban sus tesoros y ganaban el "Tazón de la Reina", que daba derecho a escoger las mejores tierras para el cultivo. Generalmente, los uniwoks acaparaban la atención y ganaban, ya era una rutina: ganaban 3 años seguidos y luego "perdían" un año, para volver a ganar los tres años subsiguientes. Sin embargo, esa vez no se repetiría la historia.
Cuando el vino se subió a las cabezas, unos distraídos uniwoks tropezaron desafortunadamente contra la mesa donde se ubicaba el Tazón, este cayó al suelo y comenzó a rodar por un sendero inclinado, directo a la hoguera mayor. Los adultos se alarmaron, los uniwoks mayores lanzaron sogas para atajar al Tazón pero fallaron, otros corrieron tras él; algunos adultos biwoks, algo más lentos, le lanzaron piedras para desviarlo de su camino, pero todo fue inútil; el premio de este año parecía perdido y con ello, empezaría una dura batalla entre las comunidades. De pronto, un grupo de jóvenes biwoks corrió desde el círculo donde danzaban y fueron tras el Tazón. Era asombroso verlos saltar obstáculos y mover las patas como gacelas. A pocos pasos del fuego, un delgado biwok que corría en diagonal, se lanzó sobre el Tazón y en un movimiento nunca visto, lo pateó de regreso a sus amigos. La multitud quedó en silencio. No había palabras. Todo parecía indicar que el premio de ese año sería para los biwoks ...pero los uniwoks no estaban listos para dejarse vencer.
"Robo, robo, ¡Los biwoks usaron magia para robarnos el Tazón!" gritaron furiosos los uniwoks. "¡Disimulan su fraude usando sólo los pies. Ese es nuestro juego!" repetían una y otra vez, estaban como locos y exigían su derecho a ganar el Tazón. En realidad, no les molestaba que los biwoks hubiesen utilizado el eskimo para salvar el premio, sino el perder sus campos de cultivo, pues estaban tan acostumbrados a ganar que ya no tomaban mayores precauciones.
Para evitar que las cosas se pusieran más violentas, los ancianos de las dos comunidades tomaron una decisión: "La forma de descubrir la verdad será en un duelo", y concluyeron que una competencia de eskimo (o bolwok, para los biwoks) era la solución. Todos callaron. Las reglas serían que dos grupos de quince individuos se enfrentarían entre sí para reunir el mayor número de frutos, debían evitar que llegaran al fuego y que los contrarios las reunieran, pues cada fruto perdida les sumaba una al oponente. En total eran 25 frutos de diferentes tamaños y se soltarían al mismo tiempo.
El duelo fue largo. Los jugadores se cansaban, paraban, respiraban y volvían; nadie bajaba la guardia. Cuando la constelación de Orión se hallaba en su máximo esplendor, pasada la medianoche, un rayo de luna distrajo a los uniwoks que vigilaban el fuego. Fue un instante, pero bastó para que siete biwoks se repartieran los 3 frutos restantes, estos se pasaron los frutos entre sí como si estuvieran danzando, iban y venían sin parar, los uniwoks trataron de seguirles el ritmo pero ya no podían correr. Los biwoks se hicieron con 15 frutos, ganaron el duelo, la reivindicación y el Tazón de la Reina.
Desde ese día se sintieron más seguros, confiaron en sus habilidades y dejaron de preguntar cada detalle a los uniwoks: ahora sabían cómo reír, cómo divertirse y cómo ganar. Los pueblos se fueron alejando. Cada uno se independizó del otro y desarrolló su vida de forma diferente. Poco a poco los uniwoks se mudaron, se concentraron en zonas más altas y frías, se radicaron en Irlandaw, Englaterra y algunas partes de Eurotaz. En el siglo 19 popularizaron el bolwok pero no tenían voz para reclamar derechos sobre un pasatiempo que ya formaba parte de la cultura biwoka; además, los biwoks podían dominar la pelota mejor que ellos gracias a sus dos patas... no había nada que hacer.
De allí en adelante el juego se transformó poco a poco, surgieron variantes, reglas y equipos. Los biwoks lo mejoraron y lo propagaron hasta el Nuevo Mundo. El bolwok cambió de nombre, ahora algunos le decían "soquer", otros "fúcbol"; en Irlandaw y Canyda practicaban una versión gaélica, muy parecida al original eskimo uniwok, pero eso ya es otra historia: una historia biwoka.
-----------------------------------------Un pequeño fume después de mis años universitarios. Como me era completamente indiferente el fútbol quise hacer algo diferente y cumplir mi tarea. Mureche #15, Simplemente fútbol.
sábado, septiembre 2
Otra estadística
Este es otro de mis relatos favoritos escrito para Mureche. Este lo leí en público en el taller de escritura que tomé en la librería VDL del Sambil en 2003.
Simplemente me gusta.
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Domingo 10 am.
I
Blanco, todo blanco, quizá sea algo intencional. Visto así las luces son más brillantes y hasta puedo detallar las telas de araña entre la base del ventilador y el bombillo de la lámpara... ¿Cuántas luces he pasado ya? Conté 7 hace un rato, pero ya no me muevo... dejaron de pasar ante mis ojos. Era una buena distracción, contarlas al pasar, ¿iba tan rápido? blanco, blanco, blanco, raya. Blanco, blanco, blanco, raya... cada dos blancos, una luz, cada dos rayas, aspas de ventilador... pero ese olor.
II
Ya casi no se oyen las voces. Toda esa gente que se movía alrededor parece que ya no está cerca de mí; siguen pasando, pero ya no se detienen... y ese olor. Prefiero ver el techo blanco. La tela de araña crece y se sujeta tan fuerte a la base de ventilador. Si se cayera... ¿sentiría el mismo calor que sentí al yo caer? Ya estoy divagando ¿por qué sentiría calor una araña?
¿Y cómo estará Rey?
III
No fluye, qué pesadez... la ropa ni siquiera se siente húmeda ¿será que el calmante está alterando mis sentidos? Tan solo blanco, las aspas moviéndose, el ruido cada vez más lejano de las palabras, el ir y venir de las personas, algún llanto, murmullos, voces, muchas voces que se van apagando ¿cuánto tiempo ha pasado desde que estoy así? Hasta el techo sube, las luces... las luces se distorsionan. Es bueno saber que hay mucha luz y muy blanca, y ya casi ni me molesta... ese olor.
IV
- Epa, oye... ¡Pero coño, doctor! ¿qué hay? ¿Dónde está ella? ¿Sabe algo? ¿y la barriga? ¡COÑO!
- Señor quédese quieto que voy a tener que llamar a la policía si sigue gritando. ¿Acaso estamos jugando? Mire, no hay personal y sí muchos heridos. Cuando sepamos algo le decimos.
- Enfermera, ¿dónde está la camilla? ¿qué pasó con el alcohol? Mire que están llegando más heridos del choque del autobús en la bajada de Tazón, ¡Tráigame otras camillas y más gasa!
- Pero doctor sólo nos quedan tres camillas con pacientes en recuperación, no hay.....
- ¡BÚSQUEME UNA CAMILLA ENTONCES EN PABELLÓN, EN LOS PASILLOS, DONDE SEA! BAJE A LA MORGUE A VER QUÉ CONSIGUE, DESPÁCHEME A GENTE EN RECUPERACIÓN, MÁNDELOS A SU CASA, HÁGALO YA. La gente que viene no puede quedarse en el piso.
V
¿Por qué están titilando? No brillan, ¿adónde se fue el blanco? ¿acaso me dormí?... Ah volvieron, ¿adónde voy? ¿ya regreso a casa? Ojalá Rey me esté esperando... Qué tranquilidad... Blanco, blanco, Rey... ¿Por qué no apagan el aire? hace demasiado frío, mucho frío. Cuánta calma... ya no huele, ya no me duele la cabeza de tanto pensar, sólo espero que me saquen rápido este tubo de la boca para preguntar cómo estoy... ¡Cuánta paz!
VI
- Tenga doctor ya le conseguí otra camilla.
- Era justicia... ¿qué pasó, buscó en el depósito?
- En realidad, la embarazada que ingresó esta mañana por herida de bala en el parietal derecho...
- ¿La mandaron a su casa? Ramírez no me dijo que le habían parado la hemorragia... ¡MÁS GASA, COÑO! Solución salina...
- Tenga doctor... no hizo falta, no llegaron los insumos... la bajamos.
- ¡Qué vaina! Avísele al esposo... dale una pepa pa' que se calme... ve con un policía, puede que se violente.
Epílogo
Lunes 11 am.
Titular de la prensa local: "El hampa común cobra otra vida inocente. Joven embarazada fallece por falta de insumos en hospital... Yesi Pérez... 17 años con 4 meses de embarazo... cruce de disparos al salir de una farmacia.... más de cinco horas esperando insumos médicos... crisis en los hospitales públicos... desangrada en una camilla."
Hoy otra puerta del barrio luce un lazo morado y adentro solo se oyen llantos. El día sigue. No es agradable ser parte de una triste estadística.
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Mureche #16 El Niágara en bicicleta
Ella
De niña leí la historia de una actriz de Hollywood que desarrolló cierta paranoia persecutoria. Recuerdo que hablaba de sus temores, de la constante supervisión que recibía y del insomnio que le causaba ser despertada -noche a noche durante años- por unas frías manos en su espalda. Tormento inevitable: las manos que la despertaban eran las suyas, o mejor dicho las de “ella”, su otro yo que la vigilaba y la castigaba por haberse convertido en la famosa actriz a quien todos admiraban, ordenaban, amaban, dejaban y manipulaban.
Allí descubrí la realidad de que a pesar de luchar por mantenerse unido, la posibilidad de escisión late en cada ser humano. Ser un géminis viviente es algo más grave que decir “Fulano salió del closet”... la idea de la doble personalidad me fascinó. Todo se resumía en hacer que el mundo la aceptase a “ella” y la diferenciaran de mí. Así pasó.
Pensé que era recomendable exponerle a todos el momento en que se aclararon mis dudas pero se enredaron mis problemas. Mi caso era como el de cualquier persona clase media – media: hija media, estatura media, desempeño medio, aspiraciones medias, talentos medios. Mi fortaleza estaba en mantenerla a ella doblegada, actuando bajo mi sombra. No le decía a mis padres en plena cena: “Oigan, que se olvidan de la fiesta que “ella” tiene esta noche... ¿no le van a recordar llegar temprano como me lo exigen a mí?”, le daba su espacio con precaución. De la calle para afuera, desde el mismo día de empezar la universidad, ella mandaba, pero yo diluía sus planes con cierta frecuencia para recordarle quién estaba al mando. De la puerta hacia adentro yo entraba en acción, mientras ella procuraba marcar su territorio forzando las reglas de la casa de vez en cuando. La nuestra era una relación interesante, retadora. Dábamos una sola exitosa cara ante el mundo: la mía.
Mi vida siempre me gustó y entiendo que ella también lo pasó bien, aunque se escapaba cuando trataba de involucrarla directamente en mi cotidianidad. Para mantenerla contenta, hacia cosas por ella. Hasta le abrí una cuenta de correo electrónico que sirvió para que viviera su primer romance de oficina. Lo disfrutó mucho a mi costa ¡en qué clase de situaciones me puso! Como el día aquel cuando su tormentoso valentino la sorprendió de espaldas en la oficina y la abrazó casi fusionándola con su cuerpo. Me paralicé. Sólo reaccioné cuando su jefa los descubrió. “Por favor dígale que me suelte o le pego” respondí entre nerviosa y confusa. Él inmutable, adoró el momento, mi cuerpo temblando y mi rubor. Ella aún saborea cada instante cuando recuerda ese día. Ese día sentí la imposibilidad de recoger el agua derramada. Llegamos al punto que había querido evitar: ella me usaba.
Admito que no todo lo que hizo fue para mal. He disfrutado algunas de sus “licencias”; a veces, cuando estoy demasiado agotada me tomo “un día libre”, unas vacaciones de mí misma que ella capitaliza como sus conquistas personales o amorosas, a pesar de ser yo quien siempre recoge los platos rotos.
- Es suficiente. Son más de 20 años en este plan. Una de las dos debe tomar una decisión y vivir su vida independiente. Puedes irte -le dije hace unos meses-. Esta era la segunda o tercera vez que la emplazaba; sentía que lograba hacerla reflexionar y ella cambiaba.
Hoy despierto como aquella actriz a media noche. Las manos que se posan en mi espalda no son las de ella, son las mías. No me despiertan para castigarme, no; sino, para masajear sumisa la espalda que fue mía y ahora es de ella. Para disfrutar una vida que creí mía y ahora descubro que fue una trampa genialmente planeada. Ella me llevó a su terreno. Me animó a estudiar lo que ella disfrutaba, me sedujo con sus hombres, me pasó los manjares más atractivos por la boca y manos para enloquecerme con lujuria, pasión, vanidad y ego. Un adicto debe reconocer su realidad para lograr la cura. Yo reconozco la mía, pero no tengo fuerzas ni ganas de cambiarla. Cualquier cosa que planee ella lo sabría de antemano pues dos cabezas piensan mejor que una: pensó a través de mí para conocerme desde adentro, me dio confianza y cuando el momento fue oportuno ¡zas! azadón mediante, decapitación limpia.
Mi vida ya no es mía; vivo en su mundo, con sus reglas, y hasta lo único mío, mi cuerpo, combina mejor con su personalidad. La otra soy yo, la escisión ya no es tal...... ¿alguien necesita un doble para descubrir su verdadera esencia? Ofrezco mis servicios, honorarios bajos y gran experiencia.
viernes, septiembre 1
El beisbol: tradición familiar de adoración y práctica
I Había llegado por fin el gran día. Todo tenía que ser perfecto: el clima, la ropa, la comida, los asientos, la compañía.... ¡Sí! hoy es mi oportunidad de continuar la tradición familiar y estoy orgullosa por ello. II - Uhm... parece que no tenemos mejores opciones que estas. III Si lo vuelvo a oír. Si alguien más lo vuelve a decir, creo que voy a estallar. ¡Estoy harto! ¿Podrían darme algo para dormir y despertarme cuando todo haya terminado?...o mejor, ¡¡¡VAYANSE TODOS A LA PORRRRAAA!!! IV “No soy un ser de otro planeta, Carlota, simplemente me molesta el beisbol. ¿Qué ciencia tiene correr de lado a lado para darle a una pelota? ¿o ensuciarse de grama por hacer una gran atajada? Qué tontería tan grande. <><><><> Una a una ella fue pasando las páginas. Millones de motas de algodón parecían volar con cada movimiento de las hojas, años de polvo acumulados entre sus pliegues, con los bordes moldeados por las huellas de muchos dedos curiosos y juguetones que habían estado allí tantas veces antes. “La abuela era tan linda. Recuerdo cuando me llevó por primera vez al campo.. No hizo más que hablar todo el camino, reía, cantaba. ¡Estaba tan alegre! Las gavetas de las casas viejas suelen tener un olor rancio peculiar que hace imposible olvidar su origen. La casa de la abuela no era la excepción. Cada cajón que abríamos tenía la neptalina adherida en sus lados, en los objetos, en las asas, en los respaldos. Y entre sus cosas, esas típicas bolsitas de clavos dulces para tener la ropa perfumada. Cosas de las abuelas, dicen... y dicen bien. La abuela Carlota era una gran fanática del beisbol y le traspasó el gusto por la pelota a Rebeca, tal como hicieron con ella sus abuelos: conocía las jugadas, recitaba los scores de los bateadores, descifraba las señas y maldecía a los "ompayers” (“ompayitas”, si se portaban bien). Era única, y le enseñó, antes que a caminar, a diferenciar una bola alta de una engañosa curva que termina al borde de la zona de strike sin que el bateador se entere, pero lo suficientemente contundente como para que no sea cantado bola. Y bien, hicimos lo nuestro y dejamos la casa de la abuela con sus sonidos y sus risas escondidas tras la puerta del aseo, como cada sábado al mediodía después de del juego. Desde entonces conozco a Rebeca. Ese día nuestra tarea era simple: recuperar las memorabilia de las estrellas del Hall de la Fama del beisbol nacional y de las grandes ligas, el álbum de recortes de periódico con las cifras descoyantes de las carreras exitosas de los peloteros favoritos del la abuela: Ted, Bob, Tony, Canseco.... - Lo tengo todo: solo dejo tres afiches. -continúo Rebeca- Están descoloridos. Y nos fuimos a casa de su hermanito. Esperábamos que nos cediera su cuarto para seguir la tradición: instalar el santuario beisbolístico familiar y añadir las estampitas, afiches, obsequios, camisas, guantes, gorras, etc., etc., que hubiésemos recolectado en nuestra experiencia cercana al deporte rey. Todo esto en las horas previas al inicio de la temporada de beisbol profesional. Era nuestro turno. Había llegado su momento; ella debía seguir la tradición familiar, y yo la acompañaría. Rebeca tenía una energía y un ánimo que contagiaba, y me encontraba completamente emborrachado por esa aura. En el “Gran Día” todo tenía que ser perfecto: el clima, la ropa, la comida, los asientos, la compañía.... una y otra vez exclamaba Rebeca: “Hoy es mi oportunidad de continuar la tradición familiar y estoy orgullosa por ello”. La percibía muy contenta, con una amplia sonrisa. Carlos (su hermanito) no estaba en casa, ni en la oficina, ni en el celular, ni en el gimnasio, ni en la panadería... pero no dejamos que eso nos desalentara. Fuimos a casa de Oscar (su medio hermano) “él debe saber de estas cosas, lo importante que es la tradición, lo necesario que es el beisbol” comentaba ella mientras yo manejaba. Pero al llegar a su casa y exponerle nuestras intenciones como guardianes del tesoro beisbolístico familiar, él no estuvo de acuerdo con esa “imperiosa necesidad de conservar los rituales” que Rebeca sentía en sus venas; quizá por ser su medio hermano -pensó ella- las cosas no se sentían igual. Nos fuimos. Nos fuimos rodando por las avenidas cargando cajones y bolsas porque el carro murió a medio camino. La lista de amigos fue corta al tratar de encontrar a alguien que nos cediera un espacio para instalar el "Santuario"... tal parece que tienen problemas con el beisbol. Tonterías. - Tu casa estará bien -comentó Rebeca- estamos a ¿dos? cuadras, y si nos apuramos llegamos, armamos, limpiamos y salimos al estadio. Aprovechemos que el sol por fin se tapó un poco y apuremos el paso. Pérdida de tiempo; paré un taxi, la alcancé a medio camino y fuimos a mi apartamento. Trece pisos a pie, era día de reparación y ahorro de energía, dijo el #$%/@!°* conserje y sus carcajadas fueron el eco perfecto a nuestros pasos escaleras arriba. - Listo. Quita aquí, mueve allá. Instalada la colección de pelotas... ¡Crash! Ups; ya tenemos espacio para poner las fotos de los famosos. ¡Verdad que sale muy linda la abuela junto a Davalillo! Tres piezas de cerámica austríaca menos en la cómoda de la sala. Esta tradición empieza a molestarme un poco... pero ¡qué digo! Todo sea por el beisbol. - ¡Vamos cielo, si quedó hasta confortable el rincón!, -le dije con energía, y traté de caminar entre los bates recién ubicados en el parquet- . Solo espero que el perro no se acerque mucho a las pelotas -comenté en voz baja para que no me escuchara-. Cinco campanadas me sacaron de mis pensamientos: ¡REBECA! Va a empezar el partido. Apurate, vamos al estadio. ¡CORRE!... - Uhm... parece que no tenemos mejores opciones que estas, cielo. ¡Ah! Las gradas, un perrocalentero, el grito de la multitud bañada en cebada, el aroma de sudor encapsulado, ¡La gloria! El primer juego de la temporada... y nosotros sentados en el jardín derecho, ¿a quién se le ocurre? Pasaban los innings y el juego comenzaba a parecerme fatal. Pero jugaron muy bien nuestros muchachos. ¡Todo sea por el deporte! Tras múltiples tropezones, codazos y empujones, pude entrar al baño en el 3er inning y seis cervezas, y salir al cierre del 5to y sin cartera. Faltaba el gran finale: el jonrón con las bases llenas, era un clásico y yo tenía la cámara a mano para captar el momento... que llegó justo cuando me agaché a buscar un falso billete de dos mil empapado de ... prefiero no intentar adivinarlo. - ¿Cada año fue así, Rebe? -le pregunté con dulzura-. Tan convincente ella. Fuimos a extrainnings y yo solo quería salir de allí. Tenía cerveza empotrada en los poros de la espalda y mi vocabulario de malas palabras crecía con un repertorio de susto. - ¿Te gustó el juego? ¡Verdad, que estuvo espectacular el error del pitcher en la 4ta... ah no, mejor la atrapada del tercera base en el octavo!. ¿La tomaste, verdad? (Rebe, no pensaba; transpiraba guantes, errores, sudores y dolores de los jugadores... y yo solo quería que ese día terminara). Y terminó. Siete años más tarde terminó con el último plato de mi colección de cerámicas austríacas, con la vidriera, la lámpara de la sala y el cuadro de Dorotea (una muy rara pieza impresionista que bauticé así por sus bellos matices y la ternura de la hilandera que presenta). Terminó también con mis sueños de asimilar sus tradiciones familiares para tratar juntos de implantar otras diferentes a mi familia. - ¡Rebe, deja de pitchar en el corredor! Crashhhhhhh, ¡Trash! Si lo vuelvo a oír. Si alguien más lo vuelve a decir, creo que voy a estallar. ¡Estoy harto! ¡HARTO!: ODIO EL BEISBOL. Destruyó mis nervios, mi soltería, mi cuenta de ahorros y mi casa; y mi esposa se vuelve otra cuando ve esas bolas ir y venir entre bates y guantes, manoseadas por dedos pegostozos de saliva remasticada. Cada año es igual, ¡hasta la beba de cuatro años la imita! ¿Podrían darme algo para dormir y despertarme cuando todo haya terminado?...o mejor, ¡¡¡VAYANSE TODOS A LA PORRRRAAA!!! Ahora entiendo lo que escribió el esposo de la abuela cuando la conoció y nunca lo borró del interior de la gorra de la serie del 64, aunque la abuela nunca le hablase a Rebeca de eso: “No soy un ser de otro planeta, Carlota, simplemente me molesta el beisbol. ¿Qué ciencia tiene correr de lado a lado para darle a una pelota? ¿o ensuciarse de grama por hacer una gran atajada? Qué tontería tan grande”. Andrés |