sábado, septiembre 30

Leyendas venezolanas, Andreas, Sorte y más.

Tengo un amigo sueco que se enamoró literalmente de Venezuela cuando vino por un año de intercambio estudiantil en el 2000. Desde entonces buscó la manera de regresar al año siguiente y al lograrlo, consiguió su doble titulación tanto en el instituto sueco como en el IESA, acá en Caracas.
Andreas (que así se llama mi amigo) se casó por iglesia con su esposa venezolana en la Isla de Margarita.
Recuerdo que cuando estudiábamos juntos Andreas me comentó muy emocionado que, luego de haber viajado como mochilero por algunas poblaciones del país, conoció la Montaña de Sortea. Fue lo máximo. Andreas quedó fascinado de la "tradición" de los venezolanos, de lo distintos que somos a sus congéneres y de la rica expresionalidad de esa "tradición".
No llegó propiamente a Sorte por la "entrada principal", que es en el Edo. Yaracuy, sino que se acercó a la Montaña por la parte "de atrás" es decir por el pueblo de Chivacoa. La razón: la excesiva cantidad de personas -y su poco tiempo- que van a la Montaña, a curiosear, a encontrarse con la Reina, ha hacer rituales mágicos o a pedir favores mágicos para alguien más.
Dicen que a la Montaña no entra todo el mundo, porque ella "acepta" o rechaza a las personas según sus energías, y hay todo un proceso de limpieza previa.
El tema es que Andreas, viendo solo un ramalazo de lo que ocurre en la Montaña, se compró varios souvenirs para usarlos en favor de sus seres queridos: a su hermano le compró un amuleto, una bolsita de fieltro rojo con algunas cosas adentro, para garantizarle buena suerte. A su otro hermano le compró un muñeco Vudú, para que pasara unos ratos de ocio fastidiando a quienes le fastidiaran. Creo que compró otro par de cosas, pero la verdad por ahora solo recuerdo esas dos.
¿Qué tiene la Montaña de Sorte? bueno dicen que allí hay un gran centro energético y que es el reino de Maria Lionza. Sobre ella hay muchas y variadas leyendas, donde se le atribuyen poderes buenos, en conjunto con la naturaleza, protectora de la flora y fauna de la zona. Dicen que se rodea de su corte, es decir de El Negro Primero (esclavo liberto que luchó en el ejercito del Libertador) y el indio Guaicaipuro (fiero cacique de la zona).
De ella conseguí hoy una leyenda distinta a la que conocía:
se dice que en una aldea indígena nació una niña con ojos claros, signo inequívoco de mal presagio. Su padre, un cacique Caquetío, para salvar a su pueblo de mal que vendría, debía matarla pero no pudo y se la llevó una cueva donde la visitó a diario.
Un día, vió que una danta se acercaba a la niña y ésta le correspondía, el animal le traía frutos y la llevaba a pasear sentada en su lomo. Con el tiempo María -como habían bautizado a la joven- se especializó en curar con plantas, hierbas y flores a la gente que la visitaba.
Cuentan que a veces se apacería con una onza (un puma) y que pedía a cambio de sus servicios el pago de una onza de oro, y que de allí viene su nombre María Lionza.
Cuando murió, muchos seguían viéndola al lomo de su danta recorriendo la montaña. De sus estraños poderes y su amor a la naturaleza ha crecido un culto muy fuerte que marca una veta especial en el imaginario colectivo y en el abanico religioso (por decirlo de alguna forma) del país.

Creo que fue leyendo el Diccionario de Fantasmas, misterios y leyendas de Venezuela, que me recordé de todo el tema de Andreas y su sorpresa por las "tradiciones" de Venezuel-de hecho, el 1er viaje de suspadres al país creo que fue motivado en cierta forma por esta curiosidad- y mis ganas eternas de aventurarme a conocer en persona Sorte... ¿Alguien se pega?

2 comentarios:

Monique dijo...

Si lo llegas a conseguir por casualidad, oye el disco "Leyendas" de Paul Guillman. Sé que es rockero y que no es tu estilo, but it's worth.

Slds

martis dijo...

Oye sería toda una proeza. Niña ¿¿GUILLMAN?? wow, no sé si me resultaría más fuerte su imagen de rockero de la revolución o su imagen de rockero wannabe rockstar. Ya en serio, escuché un programa donde se habló muy bien de ese trabajo, quizá me aventure pues.