sábado, octubre 14

Comida molecular: Shayará hace agua la boca (bueno o sus moléculas)

Hoy nos dimos un lujo: almorzamos en Shayará, un restaurantico muy perfecto ubicado en Caracas. Hacía muchos meses que antiguos compañeros de trabajo me lo habían comentado e incluso me recomendaron algunos platos que allí hacen. Para mí la simple experiencia de probar un fogón distinto con comida muy especial es suficiente para querer conocerlo.

Yo tenía la curiosidad desde hacía unos años de probar esa nueva cocina loca, la cocina molecular, que han desarrollado en el Bulli, por Fernando Adriá en España. Obviamente la distancia entre este maestro creador y lo que pudiese encontrar acá debe respetarse, y esto lo digo sin desmerecer a nadie, simple razonamiento lógico.
Así que bueno, hoy el almuerzo fue toda sorpresa. Mientras Jesús estaba trabajando, salí de casa a arreglarme el cabello, me lo corté (insito en que me volví a pasar de palo, debí cortarme menos), me lo sequé en otra peluquería (manías mías pues) y como no pude hacerme el pedicure me presenté bastante temprano en la salita de espera del instituto, hasta que el chico saliera de clases.

"Estas radiante"
y pues sí, él ni idea del cambio de planes de hoy. Justo al lado del instituto está Friday´s y conociendo a mi ganado, que suele salir hambriento de sus clases pensé que quizá tendríamos que morir allí por cercanía, inmediatez y gran tamaño de las raciones... pero la buena fortuna me hizo convencerlo con una sonrisa y movidita de cabello mediante.
-"¿Me perderé algo bueno si comemos acá?
-Síp
..y listo el pavo!

Finalmente, Shayará. Por fuera no imaginas lo que conseguirás. El local es MINIMO, con capacidad para +-15 mesas casi todas de 2 personas y muy juntas entre sí. Decoración muy breve, limpia, transparente, parece que el minimalismo se sintió a gusto allí, con unos toques de rojo en algunas sillas, tapizado de vaca en un par de puffs o mantelillos grises plomo. Lo demás lo llena una cocina al afuera, bordeada de puertas y paneles de vidrio donde luce cantidad de implementos de cocina que lo mismo pueden ser pipetas y tubos de ensayo, vasijas tipo laboratorios y copas de diversos tamaños y presentaciones.

La "cava" no es tal. Sirve de pared divisoria entre la puerta de entrada al local y el espacio en sí para comer. En forma de media luna, toda una vitrina de vidrio a 2 cuerpos aloja una treintena de vinos tintos y blancos de diversas casas. Unos interesantes como Out of Africa, poderosos como Don Melchor y Amelia, o poco usuales como Otaxu. Nosotros tomamos un par copas de Malbec Reserva Nieto. Divino como siempre. AH! y bien servido en una mega copas Burdeos, friítas que daban una atmósfera genial.

Para comer finalmente nos decidimos por:
Entrada obligada por ellos: conchas de papa. Viene con 3 sabores de compañía: una espuma algo (creo que de queso, sabía rica), pimentones caramelizados y otra más oleosa (presumiría que era algo de maní; igualmente sabrosa). Esta entrada la pusieron en la mesa sin aviso y sin protesto. Estuvo buena para pensar qué comeríamos realmente.

Entrada (la nuestra): degustación de ceviche. LO MAXIMO. Tres fuentes, muy bella presentación. Cada una con un ceviche distinto. A mi me gustó mucho el de salmón con tiritas fritas de batata (LO MAXIMO INSISTO) y sabor muy marcado, limeño. La otra fuente nadaba en sabores Nikkei, pez espada con champiñones y una leche de tigre entre dulzona y ácida, excelente. La tercera fuente fue más peruana. Este ceviche de atún se acompañaba del tradicional maíz y mucha cebolla morada, pero lo interesante era su base, compuesta con cubos de pisco souer y un toque picante que amalgamaba todos los sabores.

La comida fue más "tradicional". Nos decantamos por un lomo carré con salsa de melocotones, cotufas de alcaparrones y buñuelos de yuca para mí; y pata de cordero lechal confitado al vacío y al grill, reducción de Pacharán moussaka de manga y papa para Jesús. Todo muy correcto, muy saboroso (es decir, cada elemento del plato tiene un sabor mucho más marcado que lo habitual, y en conjunto hacen un festín muy rico en mi paladar).

Hasta este punto mis mejores votos se quedaban con el ceviche. Llegamos a los postres y pensé que me iba de este pedacito de cocina molecular-de autor-de contraste, sin haber probado algo cuya presentación fuera inusual o sorprendente (como el risotto en copa de martini). Aquí sí las opciones eran todas "trikis" (jeje) por una parte me llamó mucho la atención la degustación de sabores y texturas de perfume DKNY, (un postre estrenado recien en septiembre de este año).

Oyendo al mesonero, me decidí por el cheese cake con fresa y ta tannnn la presentación me sorprendió. En plato largo transparente había un fondo de salsa de fresa y encima de ella un polvo blanco (que era el queso) y encima cubriendo todo lo blanco un baño de polvo de galleta que era la base de la torta. ¿Qué tal no?

Jesús se quedó con la tartaleta caliente de manzana con sorbetes de eucalipto y yogurt. Sin duda toda una mezcla de sabores, texturas y presentaciones.

Balance final: muy bueno. Las raciones nada exageradas, más bien modestas ayudan a que uno coma y saboree con el paladar, y no se atosigue con cantidades fiesteras de comida. El ambiente es bueno, limpio, agradable. La atención un tanto extraña, a ratos personalísima y gentil, a ratos recargada en algunos gestos de algunos mesoneros (por ej. nunca entendí porqué el último mesonero que retiró los platos del postre uso un dejo francés para pedir la cuenta, digo, "la adición de la tableu nueve".. en fin!)

Podría volver. Esta vez iría preparada con mayor dinero en la buchaca para pedir el menú de degustación de 13 platos... es que a pesar del buen sabor, el ambiente, lo novedoso, original, y chévere, un plato de 200mil Bs. para una sola persona, es como Importante pues. Nada, que Shayará es toda una experiencia de los sentidos donde la vista y el gusto quedan agradablemente complacidos en toda su magnitud.


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5 comentarios:

Mauro dijo...

Mmmm.... La verdad, me ha provocado ir; el problema: 6 horas en carro de distancia. Curioso el último comentario del mesonero, habrá que recomendarle un programa de francés.

Buen provecho.

martis dijo...

jajajajaja, Mauro me caes definitivamente bien ;-) Cuando vengas a Caracas -preparado el bolsillo, insisto- pasate por Shayará. Me parece que uno debe darse esos lujos exoticos al menos 1 vez en la vida.

OYE! vi que me agregaste en los links de tu blog... que detallazo! que lindo, gracias! Un besito. ;-)

John Duque dijo...

Excelente referencia, pienso ir pronto para degustar este tipo de comida tan poco promocionada y que se considera "revolucionaria".

Poker Game Variations dijo...

The authoritative answer, curiously...

Merey Alta Gastronomía dijo...

Muy bueno el artículo y excelente la comida del restaurante. Una simple corrección es Ferran Adriá el chef del Bulli, el cual actualmente tendrá abierto su restaurante hasta el 31 de Julio, ya que va a tomar un descanso y en el 2014 aprox lo abre de nuevo para formar una fundación.