domingo, octubre 1

Entre vendedores y relacionistas: los guerreros (I)


Yo siempre me he debatido entre ser vendedora y ser relacionista. La primera porque me tiene un sabor agridulce, matizada con aspartame, lindos lazos rosa y muchos espejos. No sé; siento algo de "fantasear la realidad" para que el cliente compre despreocupadamente nuestro producto. Me sabe mal, medio a engaño, medio artimaña.
La segunda me suena más a trato directo, personal. A dar la cara y hablar claro, directo; a establecer vínculos entre necesidades y soluciones, entre oferentes y ofertantes, entre los que tenemos algo que el otro quiere, y que al juntarlos logramos resultados beneficiosos para ambos.
Aquí me sabe natural con toques chispeantes, a ratos de gusto largo y otros de descaradas tretas artificiales, pues no siempre se consigue uno con un interlocutor que reconozca la seriedad de las negociaciones, que sea capaz de apreciar el tiempo del otro y que por su incapacidad de decir de frente "Si", "no" o "este proyecto lo analizaremos en 2 meses (y realmente lo cumpla)"; uno se pasa tragos amargos sin necesidad.

Me debato pues entre asumir que
necesito vender para lograr concretar mayor cantidad de negocios, aumentar la cantidad de relaciones, para que el dinero llegue más pronto. Me debato, y trato de reforzar los aspectos positivos de las ventas para hacer cada vez mejor el trabajo que hago ahora. Dicen que cuando el alumno está listo, aparece el maestro. Quizá sea cierto. Me topé con el libro Estrategias para Ventas, y ahora los gustos se empiezan a mezclarse y a saber mejor, sin tanta bomba ni empaques brillantes, pero decantando progresivamente los sabores que antes no percibía y que si me entuciasmo bastante (y sobre todo MAS RAPIDO) podrían serme de muchíiiima utilidad.

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